PLAYLIST The Collector of beautiful things (Psyche Sunshine and beyond, pt.I)

 

INTRO Lullaby
THE AFFECTION COLLECTION The collector
THE SECOND HELPING Floating downstream on a flotable rubber raft
THE SOUNDS OF MODIFICATION Carry on Carole
THE MYSTIC ASTROLOGIC CRYSTAL BAND Only time (Let’s spend the night)
THE BYRDS Tribal gathering
THE SUNSHINE CO. Love, that’s were it is
CHRIS AND PETER ALLEN My silent symphony
TWICE AS MUCH Summer’s ending
GORDON ALEXANDER Windy wednesday
THE MONKEES Daily nightly
THE BURGUNDY STREET SINGERS The pleasure of her company
THE BUGALOOS The sense of our world
THE SMOKE Odissey
THE BLADES OF GRASS Tomorrow is my turn
THE STORYBOOK PEOPLE Do you believe
THE ASSOCIATION Come to me
THE NEW WAVE In a lonely town
ROGER NICHOLS SMALL CIRCLE OF FRIENDS Didn’t want to have to do it
THE BEACH BOYS Meant for you

FREE DESIGN Endless harmony 

 

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THE BEATMAKER: I am the storm of dawn

 

 

 

Hipsters que SI son hip, bardos alucinados y trasuntos de Syd Barrett. Japos, nocturnos y airados, en medio de la rue Tivoli. Grooves, wah wah y fuzz, mucho fuzz. Sitares, tripis cósmicos y bandas sonoras de películas de serie B. Arreglistas demenciados, rapsodas hindúes y grand children of the nuggets. Grupos paralelos en los que desbarrar a gusto. Tormentas al amanecer, antes de emprender la ruta del sol. Una, otra más, de mis listas sin sentido.
 
JOHN HILL and SUSAN CHRISTIE I am the storm of dawn
DORIS The beatmaker
MANFRED HUBLER’S VAMPIRES SOUND INCORPORATED Kamasutra
KARL HEINZ SCHÄEFER Kidnapping
JEAN PIERRE MIREUZE feat. JACK KEROUAC Tivoli by night
ROGER BUNN Road to the sun
JACCO GARDNER Clear the air
PATSY RAYE and THE BEATNIKS Beatnik’s wish
THE JIMI ENTLEY SOUND Apache
DON SEBESKY Guru vin 
THE PRETTY THINGS She was tall she was high
FOREVER PAVOT Christopher Columbus
STEFF SULKE Publicity
THE DUKES OF STRATOSPHEAR 25 o’clock
BEEFETER My girl and me
THE SUFIS Where did she go?
THE FREE DESIGN Ivy on a windy day (excerpt)
GIORGIO MORODER and THE CHILDREN OF THE MISSION Tears
SAPAN HAGMOHAN Meri Aakhon mein
THE MOPS Bera yo isoge
LUBOS FISCHER The sermon (intro)
DAVID BOWIE Lady grinning soul
MACADAN Like a mess
THE 14TH WRAY Your face is in your mind
OUTRO Ladies and gentleman we’re floating in space twice

 

JAMESON "Color him in" (Verve, 1967)

 
Recuerdo haber comprado este disco a mediados de la década pasada, cuando el descubrimiento -enorme, maravilloso- del universo Curt Boettcher. Andaba paseándome por aquel cajón de sastre llamado Sunshine pop. Un cajón en el que cabía todo, del mismo modo que anteriormente todo sobraba; American music, Folk-rock orquestado, cantautores ligeramente electrificados con un ojo en el hippismo y otro en el pop, tenue psicodelia, soft-rock, popsike… y de repente, agazapado, me di de bruces con él.
 
Do you believe in yesterday?

Porque, si no les ha quedado claro, me entró una obsesión casi incontrolable con todo lo relacionado con Boettcher. El primer paso -no podía ni debía ser otro- fueron The Millenium y Sagittarius. Eso no se lo puede saltar nadie medianamente razonable. O sí, vayan ustedes a saber, tampoco quiero erigirme en juez de nada. El siguiente fue todo aquello relacionado con él; Eternity’s children, The Ballroom, The Goldebriars, Sandy Salisbury, Michelle O’Malley, Ben Siller, Friar Tuck (Mike Deasy)… Sus producciones para Association, Tommy Roe o Spanky & our gang. Las colaboraciones con Gary Usher, The Byrds, Chad and Jeremy, Emitt Rhodes post The Merry go-round, Paul Revere & the raiders, Los Beach Boys y varios de sus miembros en solitario…

Aquellos coros femeninos.
 
De entre todos hubo un disco al que nunca lograba acceder, que nunca conseguía ubicar del todo, entenderlo dentro de ese -o de cualquier otro- contexto. Probablemente porque era un objeto extraño incluso entre ese variado grupo. Al principio hasta llegué a rechazarlo, dejándolo descansar para mejor ocasión. Cosas de la ignorancia. Ese disco era “Color him in” de Jameson
 
Jameson no era otro que Chris Lucey. Había publicado un disco de folk demente, marciano (“Songs of protest and anti protest”) en 1965, para el sello Surrey. Curt  Boettcher se lo encontró por el estudio, escuchó alguna de sus canciones y le gustaron. Gracias a la intermediación de Zappa con Tom Wilson, con quién acababan de registrar “Mothers of invention”, obtuvo un contrato con Verve. 

La portada era más que prometedora. Perfecta iconografía psicodélica. La producción de Curt Boettcher, con Jim Bell y Steve Clark, habituales ayudantes, soberbia. De hecho, pese a no ser límpida y pura como habitualmente lo eran las suyas, todavía hoy me parece que es lo mejor del disco.  Creo que es esa la principal labor de un productor; darle sitio y espacio, entender al artista. La canciones, todas de Lucey, fluctuaban entre lo correcto y lo notable. Pero estaba ese tipo, el tal Jameson. Un hippie desatado, un anacoreta iluminado con una voz totalmente desafinada, ida, haciendo además gala de ella, no molestándose en absoluto por disimularla. Parecía empeñado en dejar patente un velo enfermizo, extraviado, en todas y cada una de las canciones.

De nuevo aquellos coros femeninos.

Me pregunté entonces -yo no sabía, no conocía- que diablos era aquello. No es que ahora sepa mucho más, pero algunos miles de discos desde entonces si que he tenido ocasión de escuchar y, pese a mis limitaciones, una idea más genérica de la música, del rockandroll, sí que creo haberme formado.

Con el tiempo, en cada escucha, le he visto nuevas aristas, cosas curiosas, detalles cómplices; Con “I love you more than you know” -50s teen pop espectral interpretado por un crooner iluminado, poseido- no puedo dejar de imaginarme a los críos de “American Grafitti” entripados, desencantados justa antes de los títulos de crédito y no al final de los mismos.

Los coros femeninos. Como en los discos de Bobby Vinton.
 


“Right by mi side”
encajaría perfectamente -un sitar elegante, discreto, sus coros tristes y el tipo a su bola- en la banda sonora de “The Big Wednesday”. La inconsciencia, la amistad, la pérdida. Hacerse mayor. El Surf y Vietnam al fondo. El compromiso sorpresivo, los peajes de la vida. El paso del tiempo. sus desengaños. El desgaste vital. Gary Busey y su mandíbula rectangular, dándose de hostias a pecho descubierto en aquella casa de la playa de Malibú, mojando con la manguera a todas las chicas, de confidencias sentimentales y narcóticas en el baño. 
 
 

Las producciones tardías de Spector, ¡Más de cinco años antes!. Aquellas que hizo para Nilsson y Cher, Jerry Bo Keno, el Dion de “Born to be with you”
Un esbozo de “Surf’s up”. De acuerdo, de segunda B si quieren, pero casi tan bonito.
Y otra vez los coros femeninos. Hippies sirenas errantes. Spector describiendo a la muerte de un mujeriego. Cohen
 


Un disco triste, menor, orillado. Un disco que me gusta mucho.
¿Les he hablado ya de los coros femeninos?

 

APHRODITE’S CHILD. "666" (Vertigo, 1972)

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  “El que tiene entendimiento, cuente el número de la bestia pues es número de hombre. Y su número es seiscientos sesenta y seis” 

El Apocalipsis de san Juan, 13:18.

 

Casi dos mil años más tarde de que el apóstol San Juan -o quizás alguno de sus discípulos, los así llamado “Juanistas”– escribiesen acerca de la venidera reencarnación del mal en ese profético aviso para navegantes, repleto de simbología y sujeto a múltiples lecturas que sería el último de los libros del Nuevo Testamento -aquel conocido como El libro del Apocalipsis-, cuatro jóvenes griegos (en realidad uno sólo, Evángelos Odiseas Papathanassiou, más conocido por Vangelis) se obsesionaron en recrear musicados los estadios de dicha apocalipisis en un trip indescriptible, de multiples formas desde su concepción, finalmente en un desasosegante disco doble.  Lo hicieron, fuese o no esa su intención, manteniéndose fieles al verdadero espíritu de la escrituras sagradas; provocando desasosiego, temor e inquietud (pero también psicótico deseo) en la representación del futuro advenimiento satánico. Dividieron su interpretación, al igual que sucedía en el libro, en cuatro partes, una por cara; Introducción y cartas de las iglesias, El cordero y los siete sellos y trompetas, El dragón y el combate y La Nueva Jerusalén. Crearon así una obra impensable, arriesgada y exuberante, con tantas aristas en lo musical, por alambicada e inhóspita, como poseída y esotérica en lo temático. Una obra que llamaron “666”. El número de la Bestia. Toda esa magna tarea, todo ese titánico proyecto, vendría decorado de la más extraña de las instrumentaciones, la más inquietante de las músicas, el más extravagante de los textos. Psicodelia, música progresiva, instrumentos propios del folklore griego, vientos desorbitados, un extraordinario abanico de sintetizadores analógicos, órganos de válvulas, Krautrock y musica sacra ortodoxa, pedal fuzz, la infancia perdida, sexo y misticismo, ácidos y estados alterados de la mente, jazz y música antigua, guitarras distorsionadas, voces de ultratumba, avanzados beats de batería, percusiones tribales, arpas, friscornios, clavecines, locura y religiosidad, paganismo y cordura. El tormento y el éxtasis. Evángelos Odiseas Vangelis Papathanassiou (órgano, piano, flauta, percusiones, coros), Artemios Venturis Demis Roussos (Bajo, coros, voz), Lucas Sideras (Batería, coros, voz) y Anargyros Silver Kolouris (Guitarras, percusión) serían pues los redivivos cuatro evangelistas de esas nuevas escrituras. Los dos primeros habían tenido ya cierto éxito con The Formynx, The Idols o We five. Más tarde conocen a los dos últimos, y tras sucesivos nombres que dejaban evidente quién estaba al timón (The Papathanassiou Set, Vangelis and his Orchestra), pasan a llamarse Aphrodite’s Child. Eran jóvenes, inquietos, con sólida formación musical y tremendamente curiosos. Unas cintas con sus primeras grabaciones llegan a Phillips y éstos, impresionados, los fichan de inmediato enviándolos a Inglaterra con el objetivo de grabar un disco. Estamos a finales de 1967, el año del golpe de estado y de la instauración de la dictadura militar en Grecia. Con toda esta carga a cuestas, más la ilusión de una futura carrera internacional, no tardan ni un segundo en aceptar y, como tantos otros jóvenes, exiliarse de su país.  

De inmediato surgen los primeros problemas. Kolouris tiene pendiente el servicio militar y le es imposible salir de Grecia. Los otros tres deciden emigrar pero no logran el permiso de trabajo necesario para poder establecerse en Inglaterra. Deciden quedarse en París, inicialmente mera escala en su destino final. También allí están ocurriendo acontecimientos históricos, aunque de otro calado. Es mayo del 68. Justo entonces, la Mercury francesa les ofrece un nuevo (y leonino) contrato que deciden aceptar. Su primer sencillo es “Rain and tears”, una adaptación del canon de Pachabel que es todo un bombazo. A resultas de ello, abandonan definitivamente la idea inicial de ir a Londres y echan raíces a orillas del Sena. Hacía finales de 1968 publican su primer Lp, “The end of the World”. El éxito y las ventas son tremendos. Es un disco titubeante, que navega en la estela de la psicodelia pop más ligera y amable. La de los Moody Blues del Days of future passed, el primer disco de Procol Harum o The thoughts of Emerlist Davjack de The Nice. En cambio, en la cabeza de Vangelis el S.F. Sorrow no deja de resonar hasta casi obsesionarle. Dejará huella. Ya verán. El sencillo inicial de lo que sería su segundo álbum (“It’s five o’clock”, diciembre 1969) es perfectamente definitorio del cimbreo estilístico y el contrapeso de las diversas influencias entre las que se mueven. Por una cara una revisión almibarada, complaciente, de una canción francesa del siglo XVIII (Plaisir d’amour / I want to live). En cambio en la otra en un pelotazo de salvaje freakbeat que atiende por Magic mirror. La semilla está comenzando a germinar. Tras esos dos discos, los Aphrodite’s Child se hallan ya en estado de descomposición latente. Cada uno hace la batalla por su lado. En realidad, el afán de investigación y la búsqueda de nuevos caminos por parte de Vangelis choca con el seguidismo de la fórmula que les ha procurado el éxito, más segura y también menos arriesgada, por la que aboga Roussos. Todavía saldrán, ya tocados, en una última gira durante gran parte de 1970, aunque Vangelis decide no participar, quedándose en París, donde grabará la BSO de Sex power. Lo sustituye Harris Chalkitis. A la vuelta, una obsesión largo tiempo alimentada, engendrada en horas y horas de perfeccionismo y alucinación, su obra magna, aquella donde confluye lo intuitivo y lo madurado, tomará cuerpo y forma; Será su tercer y último Lp. Es “666”, el número de la bestia.   

 

“666” se graba en los estudios Europasonor de París. El equipo, excepto por la supervisión de Giorgio Gomelsky, sería francés en su totalidad; Gerard Fallec como coordinador de producción, Roger Roche a los controles y Jean Claude Conan asistiéndole. Para el diseño acaso se tomase como modelo la idea del álbum blanco de los Beatles; un único color y unos números. “666” tenía que ser conciso e inquietante, la representación del infierno como némesis del paraíso ansiado.

En un principio pensaron titularlo Apocalipsis. Más tarde Revelaction. Finalmente se quedan con el número, con el símbolo de la Bestia. El número, de color blanco, baila en el centro, como tres ojos que todo lo ven. Arriba, en rojo, el nombre del grupo. Justo debajo, el enunciado del versículo, en inglés y en el mismo color. El logotipo de Vertigo, en blanco, en la parte inferior derecha, completará la terna. Para el resto del mundo una portada mucho más discreta, de color rojo con los tres dígitos sobre un recuadro negro.  Vangelis ha tenido el tiempo suficiente para dar forma, para definir su obsesión. La ha representado cientos de veces en su subconsciente, diríase que la ha vivido también en innumerables ocasiones. Durante casi todo 1970 ha estado elaborando, capa sobre capa, su obra magna. París es un hervidero de artistas e ideas. Es el momento en que el más absurdo de los proyectos puede tomar forma. Evidentemente se darán hallazgos y sorpresas, también fraudes y fracasos, algo en todo punto normal, aunque todos partan de lo anómalo. Conoce y alterna con multitud de gente, en todas las disciplinas; Compatriotas exiliados o radicados en París como Jean Georgakarakos (uno de los capos de BYG records), Irene Papas o Costas Ferris, cineasta egipcio de origen griego, quién se encargará de resumir el libro apocalíptico y adaptarlo como texto de las canciones del disco.  Se aproxima e interesa a todo tipo de sonidos. Succiona de aquí y de allá para enriquecer a lo que ya lleva a cuestas. Desde los Gong de Daevid Allen y la nueva hornada francesa underground (Magma, Gerard Manset, Jackie Chalard y sus Dynastie Crisis, Catharsis, Triangle, etc), pasando por los eremitas musicales que han hecho profesión de la experimentación y los sonidos a la carta, esa cohorte de músicos que oscilan de los músicos de sesión convertidos en creadores de la música de librería (Nilovic, Arel, Detour) a los exploradores más allá del limbo comercial que son los arreglistas y compositores -franceses nativos o de adopción- que cuentan con el estatus pertinente para ello (Jean Claude Vannier, Ariel Couche, Steff Sulke, Alain Goraguer, Karl Heinz Schaeffer, etc).

Ha escuchado a Jean Pierre Massiera y puede oler el aroma del Krautrock que comienza a inundarlo todo. Igualmente ha ejercido de estudioso de la noche psicodelica parisien y de lo que en ella acontece, con ojos y oídos bien abiertos, tomando nota mental de todo lo que ve. Ha visitado los clubs más modernos, aquellos donde la juventud más in escucha el llamado Free Jazz Parisien, introducido por el sello BYG (Frank Wright quartet, Art ensemble of Chicago, Noah Howard, Bobby Few, etc) y es asiduo de Happenings  privados en los que ese extraño híbrido que es el hippismo psych más demente o avanzado (de Dashiell Hedayat a Jean Pierre Kalfon, de los Ame Son a Crium Delirium) mezcla rock, jazz e improvisación, necesariamente combinada con las pertinentes experiencias extrasensoriales y viajes que les procura el omnipresente LSD.

  Obviamente es imposible reproducir todo ese reguero de experiencias. Tampoco es esa su intención, sino más bien hacerse con el angst necesario para su proyecto. Invocaciones demoniacas, estados alterados de la mente y presuntos rituales satánicos. Equívocos nunca desmentidos; La presunta influencia de Shalep, el Dios del mal, el ángel de la muerte. Alimentando la censura, las prohibiciones, la ignorancia. En realidad Shalep no es otra cosa más que una bebida turca elaborada a partir de un tubérculo de la orquídea, con fines terapéuticos para aquellos que sufren problemas intestinales y que los voceros de la corrección y guardianes del oscurantismo corren raudos a proclamar como apología del satanismo. Decide, sobre las cenizas de un grupo ya desintegrado, y con la personalidad y libertad que le otorga unos antecedentes de éxito y fama, llevar a cabo la obra magna,  de orquestar un libro sagrado, articulando una obsesión largo tiempo inoculada. Planear sin motor en el territorio de lo onírico sin importarle interpretaciones ni hipotéticas conexiones satánicas. Su objetivo no es otro que darle forma a un caos y a un tiempo que sabe perecedero y fugaz. Intuye, sabe que es el momento oportuno. Y también que las puertas de la percepción se cerrarán pronto.

  

  “666” es un disco, tan sólo en apariencia, caótico y excesivo. Un disco que parece pretender abarcar demasiado. Sumamente extraño y ambicioso. Sin embargo, pasado el tiempo, se nos aparece sorprendentemente ensamblado. Un doble Lp que fluye con una cadencia elegante y ajustada precisión. Rico en matices, vehemente, homérico, abre senderos tras cada escucha. Es también un trip prodigioso, una estrella fugaz irrepetible que asusta y que obliga a preguntarte cosas. Un disco que da miedo y también alegría. La obra definitiva de un artista en estado de gracia en la que confluyen todas las obsesiones inherentes al ser humano; Lo arcano y lo moderno, el sexo y la religión, la creación y la muerte, el miedo y el deseo, la inspiración y la locura, la educación recibida, la atracción por lo pagano. Todo lo que habita en nosotros  y que mana caudaloso e incontrolable. 

 

 Porque finalmente el cielo y el infierno son un mismo lugar. Somos nosotros los que le otorgamos uno u otro carácter.

 

 

   Salvador Dalí, ese genio irreverente y oportunista, visionario y vendealfombras, todo ello por lo general a la vez, escribiría el boceto de un guión para la presunta fiesta de presentación mundial de “666” en Barcelona. Aunque ya una caricatura de si mismo, todavía le quedaban rescoldos del fuego que su talento una vez fue. Hermosos fuegos de artificio. Rezaba así.

 

1. La ley marcial será proclamada en Barcelona el domingo. A nadie le será permitido salir a las calles para admirar el evento. Sin cámaras, sin televisión, sin imágenes. Tan solo una joven pareja de pastores tendrán el privilegio de ser testigos del acontecimiento. Más tarde podrán narrárselo a la gente por transmisión oral.

 

2. Gigantescos altavoces serán colocados en las calles, de donde todo el día emanarán los sonidos de la obra “666”, de Vangelis, Costas Ferris y Aphrodite’s Child. No habrán ninguna actuación en directo.

 

3. Soldados vestidos con uniformes nazis desfilarán marcialmente por las calles de Barcelona, arrestando a cualquiera que no cumpla dicha ley marcial.

 

4. Cientos de cisnes serán puestos en libertad en frente de la Sagrada Familia, con cartuchos de dinamita en su pecho, los cuales explotaran lentamente como efectos especiales. (Dichos cisnes vivos serán operados para introducir los cartuchos en su pecho).

 

5. Enormes aviones volarán durante todo el día sobre Barcelona provocando un ruido ensordecedor.

 

6. Al mediodía, esos aviones comenzarán el bombardeo de la catedral, lanzando sobre ella todas sus municiones.

 

7. Pero en vez de bombas, lanzarán elefantes, hipopótamos, ballenas y arzobispos con paraguas. (Costas Ferris; “¿Quiere decir falsos arzobispos, es decir, de plástico, o muñecos vestidos de arzobispos?”. “No joven. Cuando digo Arzobispos quiero decir arzobispos de los de verdad. Ya es hora de terminar con la iglesia”).

 

Psychedelic Vinyls. (1965-1973) Philippe Thieyre.



Comencemos el año. Vacaciones, trabajo y falta de inspiración me han tenido alejado un tiempo del Estudiodelsonidoesnob. 

La verdad es que uno cree que cuando no hay mucho que decir lo mejor es no decir nada, así que les voy a dejar con un libro que me ha regalado A. estas navidades. 

“Psychedelic vinyls (1965-1973)” de Philippe Thieyre (Éditions Stéphane Bachès, Octubre 2010. 455 páginas. 39.90€)

Es un libro precioso. Primorosamente editado, en formato 26×26 centímetros, papel de calidad y fotos espectaculares, recoge, a juicio del autor, la historia de las portadas psicodélicas en el periodo que consta en el título. Por supuesto no puede englobar lo inabarcable, pero si que es un ejercicio bastante completo por (casi) todas sus vertientes. Compuesto por varios capítulos (Psicodelia, San Francisco, Los Angeles y California del Sur, Texas y limítrofes, Boston, Nueva York y alrededores, resto USA, Canadá, Películas, recopilatorios y festivales, Reino Unido, Alemania, Holanda, Italia y Francia) más un índice de artistas y fotógrafos, es todo un placer tenerlo entre las manos.  El precio, además, me parece ajustado para un libro de esta envergadura; 40 eurodólares.

Hay que decir también es un libro muy, pero que muy peligroso. Abrirlo y desear aquello que te falta es todo una cosa. Es el problema de la falta de criterio, qué le vamos a hacer.

Por ponerle algún “pero”, tal vez sean los textos lo menos rutilante. Aunque he de reconocer que cualquier texto lo tendría muy difícil ante tamaño repertorio gráfico. Quiero decir con ello que, siendo esos textos correctos, no se detienen más allá de datos históricos y lugares comunes, algo todo ya bastante conocido.


Y unas cuantas imágenes para que se formen una opinión.