JERRY GOLDSMITH & FRIENDS. CINERAMA. Vol. 1

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Películas y música, que formidable combinación. Las aquí alojadas, habitualmente tenidas por menores, imperfectas, diletantes, han acabado con el tiempo por cobrar vida en uno de manera plácida, llegando a ser a veces hasta indispensables. Y, mea culpa, soy yo mismo el que a menudo así las ha calificado hasta acabar dándome cuenta, por enésima vez, de lo errado de mi juicio. Es cierto que muchas de estas alquimias ingeridas por separado pudiesen flaquear. Si soy sincero más las imágenes que las músicas. Quiero decir que donde una es imponente la otra llega a quebrarse y viceversa. Pero no lo es menos que algunas veces dan con la espléndida y perfecta simbiosis de imágenes y sonidos que terminan por producir el hechizo. Capítulos ambos que se complementan, se perfeccionan y llegan a trascender, no sólo conviertiéndose en una pequeña -y maravillosa- historia sino creando vínculos que, por mucho que nos empeñemos, quedarán adheridos a nosotros y nuestra pequeñez para siempre.

 

Sin la estética, ¿Qué nos queda?