VIDA ANTIGA

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Vida Antigua propone no tanto un viaje como una estancia. Un descanso, acaso un respiro donde dar rienda suelta a la molicie, a la evocación.  Pero, atención, nada mas lejos de la desgana acomodaticia ni del reiterativo e inane hilo musical. Digamos que una sucesión de sondas musicales repletas de hondura emotiva y profundidad sonora.

 Desde el Brasil orgánico, con esa cima de Erasmo Carlos que titula la playlist, extraída del inmenso Sonhos e Memorias, al Nuyorican Soul de Ralfi Pagan sudando el Too Late de Carole King hay todo un camino por recorrer; Free Jazz via el Art Ensemble Of Chicago, bien sea con Marva Broome recreando For all We Know, bien con Fontella Bass en la banda sonora de Les Stances à Sophie con el bombástico Theme de Yo-yo.  

También Soul. Mucho Soul. Soul espiritual gentileza de Mary Lou Williams en Credo. Detroit Mystic Soul  escrito por secundarios como William Weatherspoon (dicho esto sin ningún ánimo peyorativo) emigrados de MotownInvictus Records, el sello de Holland/Dozier/Holland, regalado por la Diosa Freda Payne. Soul Jazz, tal vez su epítome, en Sweet Season, dueto imbatible de Doug y Jean Carn.

Sigamos con Brasil; Tim Maia infectado del virus Modern Soul en la espléndida Over again. Tom y Elis bordando esa delicadeza que atiende por Chovendo na roseira. Jobim codificándola en clave de electrónica analógica y rebautizándola como Children Games.

De Brasil pasamos Francia; Henri Texier, consumado contrabajista, hipster avant la lettre, nos regala Varech, de su disco homónimo. Philippe Katerine, ese bardo epatante, tan desprendido en lo íntimo como gozoso en lo impúdico, entona su himno Inutile en el, quizás, su último gran disco, titulado 8éme ciel. Alice Lewis y Alexandre Chatelard revisitan a François de Roubaix vía Les Amis (aquí rebautizada como Je sauráis te retenir), incluida en el Lp donde Fred Pallem et le Sacré du Tympan le rindieron merecido homenaje hace tan solo un par de años. Nino Ferrer, Agostino Ferrari, en ese Salmo que atiende por Le Sud y que uno tiene por un himno íntimo, propio y, sí, Mediterráneo.

 … Hay un lugar en Italia que se parece a La Louisiana. Tiene sabanas tendidas en la terraza y es muy hermoso. Diría que en el sur el tiempo no pasa y la vida dura eternamente, más de un millón de años. Y siempre es verano. Está lleno de niños que corretean por el césped, está lleno de perros. También hay un gato, y una tortuga, y peces rojos, no falta de nada …  

INTRO Soft Feeling / ERASMO CARLOS Vida antiga / TIM MAIA Over again / RALFI PAGAN Too late / DOUG & JEAN CARN Sweet Season / PHILIPPE KATERINE Inutile / FREDA PAYNE Through the memory of my mind / ELIS & TOM Chovendo na roseira / ANTONIO CARLOS JOBIM Children game / DJ SHADOW & THE HELIOCENTRICS This time / MARVA BROOME & THE ART ENSEMBLE OF CHICAGO For all we know / MARY LOU WILLIAMS Credo / FONTELLA BASS & THE ART ENSEMBLE OF CHICAGO Theme de Yo-yo / HENRI TEXIER Varech / SOFT SOUL TRANSITION Soft Soul Transition / NINO FERRER Le Sud / ALICE LEWIS & ALEXANDRE CHATELAND Je saurais te retenir / OUTRO Soft feeling

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RUMBADELICS The Sound of Spanish Deep Soul

 

El verdadero sonido del Deep Soul hispano; Rumba Funk, Cuba Rumba, Latin Rumba, Disco Rumba, Rumba Eléctrica …  Rumba por todas partes; Rumba con Bongós, Rumba con vientos, Rumba con Wah Wah, Rumba con Sintentizadores, Rumba con guitarra eléctrica.

¿Para qué irnos tan lejos cuando lo tenemos al alcance de la mano?

Intro / TRIGAL Gol / LOS DE LA CAÑA Óyeme / FLAMENCO Dímelo / ROSA MORENA Qué más me da / PACA Y MANUELA Negro y Blanco / LOS AMAYA El Jala Jala / EL PRÍNCIPE GITANO Jaz Gitano / JOSE MARÍA Karakatis Kis / LOS CANDELOS Rumbita Tru la lá / RUMBA 3 Y ahora qué / LOS CHORBOS Sones del Chicharro / LAS DEBLAS  Cada día un amor / DOLORES VARGAS “LA TERREMOTO” El Despertador / LOS PEREGRINOS Dime que me quieres / BAMBINO Tentación (Juegos prohibidos) / MORUCHA Yo quiero quererte

 

VACACIONES Spanish Bossa

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Verano. Agosto. Vacaciones. Asueto reparador, inocente -o no- molicie. Tiempo perdido, el mejor tiempo de todos, el mejor gastado. Y como banda sonora de ese instante dos destartalados volúmenes de Bossa a la española. Con alguna pequeña trampa, les concedo, pero siempre intentando ceñirme a la lengua del imperio. Nada especialmente raro, aunque sí, permítanme señalarlo, insólito. Veamos…

 Alfonso Santisteban por partida doble. Cantando, mal, pero al menos cariñosamente, en su disco “Bossa’68” para Marfer y con su Nueva Banda (Iturralde, Pepe Sanchez, Martín Carretero… casi ná) mezclando bossa, spaghetti western y rumba en “Brincadeira”. Diversas orquestas, a cual más reparadora: José Solá y su bossa Lujonesca en “Bahía de Palma”, Augusto Algueró rememorando tiempos que ya nunca serán con “Amor en un Yate” (de cuando estos eran aspiración y elegancia y no constatación de la garrulez más derrochadora, del gañanismo más irritante) o Fernando Orteu y sus delicias instrumentales… Más. Agustín Pereyra avant-Candeias con dos delicatessen –“Niña no divagues” y “Tema Martin”- de evocador recuerdo e inolvidable scat cortesía de Helena Uriburu. Orquestas ambulantesConjunto Nueva Onda, Grupo Elipse, Nelo Costa, Alcy Agüero– refinándose con un tres piezas con pajarita.

 Sigo. Cantantes femeninas tocando el cielo. Paula y su formidable, enorme “Mi habitación”, con sicalíptica letra, atiendan, atiendan. La catalana Gloria haciendo a Morricone con clase y elegancia. Una jovencita Mónica combinando -y saliendo airosa del brete-  Bossa con Space Music gracias a la pluma de Adolfo Waitzman. Lita Torello navegando en la Tristeza, Sabrina y su adictiva “No hagas caso” o la valenciano-cubana Gina Baró haciendo suya con garbo y torería  “Samba de una nota so”. También, conviene apreciarlo en su justa medida, variado surtido colonial con Elsa Baeza (belleza inolvidable de muñeca de porcelana), con Maysa Matarazzo castellanizando “Reza”, con Aldemaro Romero y sus chicas en “De repente” o con Mara Lasso cantando un instrumental de Santisteban. E, incluso, francesas en castellano, bien producidas por Janko Nilovic como la sugerente Chiquita y su “Quiero alunizar junto a ti” o Nena Catherine pareja de Tony Sánchez de Los Bravos, con esa delicia que atiende por “Trepa que te trepa”.

¿Y los caballeros?. Los caballeros hacían lo que les dejaban. Siendo sinceros, de todo, sin vergüenza ninguna. Tanto si hablamos de primeros espadas como Bruno Lomas y  su “Nuestro momento”, de Raphael con “El Golfo” o de Manolo Otero basileñizando a Serrat , como de secundarios de lujo. Secundarios que tirarán de clásicos sin complejos: Joaquín Romero con “La Chica de Ipanema”, Antonio Prieto y “Chove Chuva” o Luis Gardey y esa frusleria titulada “Rendevú”.

 También hay lugar para episodios de extravagante grandeza: Jimmy Neville -hijo de Don Edgar– aliado con Jaime Pérez, poniendo letra a su “Stress” (originalmente, como seguro sabrán, pieza instrumental para la película de Carlos Saura) y sumándole una segunda muesca, la arrebatadora “Tu mundo y el mío” o Antonio González “El pescaílla” reinventando -literalmente- a la chica de Ipanema.

¿Y los grupos juveniles? dirán ustedes -bueno, no tan juveniles, de hecho algunos parecían, eran, señores mayores- ¿Cómo les fue éso llamado Bossanova?. Pues tan bien -o tan mal- como con otros estilos. En estos dos volúmenes incluyo episodios a cargo de Los Unísonos, Los Millonarios, Los Rocking Boys (formidable su revisión del “Llevame a la Luna”, etérea, ligera, acogedora), ¡¡Nuestro pequeño mundo!!, Tinglado 13, Los Tricolores, ¡¡Los 3 de Castilla!!, Latin Combo, Sammy y los Leivas… todos ellos aparecen en este doble desatino.

Descuiden, ya no les canso más. Podría haberlo hecho, en vez de doblemente, por triplicado o cuadruplicado. Ahora mismo me saldrían dos volúmenes más. Pero no teman, mi crueldad tiene un límite. Dejémoslo así y ya veremos más adelante.

 Buen verano a todos.

ANNE MARIE COFFINET Chante (Futura Records Ep, 1970)

 

Pareja por aquel entonces del pianista alemán Sigfried Kessler, la actriz francesa Anne Marie Coffinet publicaría un estupendo – también raro y al parecer cotizado- ep en 1970, en el sello Futura Records. Titulado simplemente “Chante”, y arreglado y orquestado por Kessler, constaba de cuatro canciones en las que sobresalía, junto a su voz andrógina y profunda, un tono general que mezclaba varias cosas y que sin embargo no rechinaban en absoluto; chanson, jazz, soul y arreglos lujuriosos junto a unos textos con un punto de inofensiva decadencia a la francesa, levemente provocadores, aderezados con fogonazos de ingenio. Algo que aquí llamaríamos, muy prosaicamente, variedades (o, mejor aún, canción ligera) pero al venir acuñado en su término original en francés, varieté, viste, casi por arte de ensalmo, una barbaridad. Un disco similar en el tono, para entendernos, a los de la Brigitte Fontaine de sus discos más pop (Brigitte Fontaine set … folle, Comme a la radio…)

Junto a Kessler, afincado en París, participan también en el disco parte de lo más granado de la escena free jazz francesa. Miembros de los afamados Paris All Stars, como Bernard Lubat (multinstrumentista dotadísimo y gran scatman) o el guitarrista Pierre Cullaz. Gente con horas y horas de vuelo de trabajo con prácticamente la totalidad del quién es quien de dicha escena; Jef Gilson, Big Jullien, Eddy Louiss, Hal Singer, Martial Solaal, Jean Luc Ponty, etecé.

 El repertorio constaba de cuatro canciones y con colaboradores de primer nivel, tanto en los textos (Christine Moncenis, de la que hablamos aquí a propósito de su formidable “Sensation”) como en la música (Serge Franklin).

Sé que son satisfacciones mundanas, hueras. Pero no puedo evitar la sensación de alegría cuando me lo encuentro en un cajón del Estudiodelsonidoesnob, me lo pongo y descubro que sí, que es estupendo. 

SILKY SPEARMAN “I’m a good woman/ Sympathy” (Context, 1970)

 

Nada sé de Silky Spearman, más alla de este formidable single (mi copia es francesa, aunque sé también de ediciones belga y portuguesa) haciendo una versión del “I’m a good woman”, canción que yo conocí gracias a Miss Barbara Lynn. Puro Soul Sister Funk con ribetes jamaicanos, rebosante de una imponente voz y aderezado de vientos robustos a modo de riff, de su guitarra sinuosa y de un hammond sincopado e incansable.
Veo ahora que en la cara B hace una deliciosa versión del “Sympathy” de Rare Bird (que no encuentro en el tubo) y me da por pensar si no sería una corista de éstos. No lo sé, da igual. La canción es absolutamente irresistible.

Miguel me recuerda, acertadamente, a Cold Blood.

MELODY’S ECHO CHAMBER (Domino, 2012)

 

Reconozco que la primera vez que escuché el disco de Melody’s Echo Chamber me atrapó de inmediato. Recuerdo que fue por la época de la fiebre Tame Impala y que mi hijo estaba fascinado con los australianos. Reconozco también que lo primero que pensé -equivocada y condescendientemente- es que esa fascinación iba a ser algo pasajero, que lo que escuchaba era demasiado perfecto para durar, que las costuras se le iban a ver más pronto que tarde y que, no siendo eso inherentemente malo, probablemente implicaría la inevitable desaparición del hechizo. Sí, prejuicios, tienen razón.

Recuerdo la primera canción que escuché de “Melody’s Echo Chamber” (Domino Recording, 2012). Era “Some time alone, alone” y entraba como un campari con zumo de naranja. Suave, con el puntito de amargura necesario, muy fácil. Vamos, que sonaba estupenda, de una manera tan cercana, en un primer instante, a como lo hacían los Broadcast más accesibles. Recuerdo pensar también que esa no era mala compañía en absoluto, muy al contrario, y me di por satisfecho. La voz de Melody Prochet se parecía bastante a la de Trish Keenan y su música gravitaba en torno a ellos indisimuladamente tanto como a veces remitía a Stereolab (“Quand vas tu rentrer?”). Pero el disco, a poco que escarbases, sonaba también a otras muchas cosas: Unas veces a grupos de chicas haciendo expansivo y puro pop del brill building  (“I follow you”), en otras a la Margo Guryan de “Love songs” y sus confidencias psicodélicas en “Bisou magique” y en casi todas se veía la mano de Kevin Shields de manera más que evidente (Como en el sencillo “Crystallized”). su producción panorámica, los espacios sonoros amplios, la melancolía electrónica, la evocación cotidiana…

Recuerdo, por último, leer acerca del dream pop, del retrofuturismo, del concepto Hauntological… joder, se me escapa tanta teoría, me parece filfa, palabrería.  Todo eso debió ser hacía finales del 2012 más o menos. Bueno, ahora ya da igual. Hacía más de tres años que no me lo había vuelto a poner. Ayer lo hice. Sigue sonando imponente. Menor, lírico, sin demasiadas pretensiones. Es -era-, gracias al cielo, sólo pop.

 

FRANCO MICALIZZI “Laure”

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Escrita e interpretada por Emmanuelle Arsan (alias de Marayat Rollet-Andrianne, nacida en Bagkok como Marayat Bididh), la autora de la famosa “Emmanuelle”, “Laure” (más conocida como “Forever Emmanuelle”) fue una película tocada por el desastre prácticamente desde su gestación. Pese a ser dirigida a medias por el cineasta italiano Roberto D’Ettore y el marido de la Arsan, el fotógrafo francés Louis Jacques Rollet-Andrianne, desavenencias con el productor de la misma, Ovidio Assonitis, hicieron que finalmente se estrenase sin director acreditado. Protagonizada por Annie Belle, con un look por aquel entonces muy similar (pelo muy corto y rubio, aspecto adolescente y un puntito andrógino y sin embargo de radiante belleza) al de Jean Seberg en “À bout de Souffle” y el todo terreno fiorentino Orso Maria Guerrini, de la película, si quiero serles sincero, poco o nada recuerdo.

 Lo que si recuerdo es su banda sonora, de la que hace años puede conseguir el sencillo italiano, disculpen la autorefernecia, de sicalíptico discurso y repleto de sensualidad de magazine mensual. Dicho single, un dos caras soberbio, incluía “Laure” y “Emmmelle”, vestido con una portada entre lo naif y lo morboso. La música corría a cargo de Franco Micalizzi, uno más de esos titanes de la Colona Sonora italiana por los que siento verdadera devoción, habitual en los proyectos de Assonitis (“Chi sei?”, “Stridulum”, L’ultima neve di primavera”…).

Hace poco el sello italiano Four Flies (bonito nombre, no sé si inspirado en esa cima morriconiana titulada “Cuatre mosche di velluto grigio”) reeditaba un disco que era casi más un mito, una creencia, que una certeza: la banda sonora íntegra de la película. Muchos eran los que dudaban de su existencia, por ser un disco elusivo e inencontrable, pese a saber que se había editado en las famosas series de la RCA SP. En las notas de la contraportada a cargo de Pierpaolo De Sanctis y Andrea Fabrizili, ciertos datos desconocidos acerca del proyecto salían por fin a la luz; la melosas percusiones funk-groove de la partitura de Micalizzi corrían a cargo del napolitano Tony Esposito (a quién sin duda recordarán por aquel “Kalimba di Luna” de Boney M), mientras que el piano fender y el clavinete eran obra y gracia del jazzman Enrico Pieranunzi (quien grabaría, entre otros, con Charlie Haden, Chet Baker, Art Farmer o Leo Konitz). La combinación de ambos dotaba a la banda sonora de una atmósfera profunda y sensual cuya guinda eran los coros del Coro Le Baba Yaga, trío compuesto por Isabella Sodani, Rita Mariano y Patrizia Neri. Tres voces con un rango evocador que igual recreaban el clímax del orgasmo femenino en “Crescendo” que dibujaban pasajes de melancólico erotismo en las distintas versiones de “Laure”, “Mara’s theme” o “Emmelle”.

 No les aburro más. Sólo les queda, en caso de que les plazca, escuchar y hacerse una idea.

 

THE HIGH LLAMAS Theatreland: Slow motion is the fastest frame

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Sean O’Hagan no es un genio, ni mucho menos. Ni falta que le hace. Anda el mundo atiborrado de ellos, sin importarle en lo más mínimo lo que de pesados y aburridos muchas veces tienen. Algunos sostienen, tal vez con razón, que su música es agradable hasta que verdaderamente le prestas atención, sin detenerse a pensar que hay veces que la compañía sincera acaso sea lo más importante del mundo. Necesitados como están a toda costa de dosis estériles de ingenio y originalidad, parecen preocuparse más por lo verosímil que por lo verdadero, o lo que es lo mismo, antes por la perfección que por el sentir.

 Rescoldos de Burt Bacharach y Hal David, insoslayable devoción por Brian Wilson,  Jazz de cámara lenta un poco a la manera de Pharoah Sanders, pinceladas tropicalistas con los oídos puestos en Rogerio Duprat, los Critters de Project 3, el Arpa-soul de Dorothy Ashby (a quién le dedicaría una hermosa canción), los arreglos líquidos deudores de François de Roubaix, Chris Dedrick en la memoria …

A la pregunta de qué era un actor, respondía, creo que era el maestro Jose Luis Guarner: Un actor es alguien que se esconde. Sean O’Hagan lleva escondiéndose unos años. Hagan por encontrarlo.

 

ALLAN SHELDON Otro loco hablando sólo…

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… You are just the mirror of my mind, i’m not unkind you’re very small. I have never seen a silhouette, i don’t forget, no, not a all. Words or just expressions of ideas of people’s fears of dying young, dreams or just impressions of our lives for what we strive of some gone son. I had a life and i know where i’m going, you are just the mirror of my mind … 

 

Allan Sheldon “Mirror Of My Mind / Old Windmill Tree” (Injection, 136.301 – Licensed by Plexium- Marzo, 1970). Escrita por A. Stockman, arreglada y producida por Zack Lawrence

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El hombre entra en el café y de inmediato es reconocido por alguien, sentado en la mesa contigua hacia la que se dirige, quien le saluda efusivamente, con todo tipo de fiestas y celebraciones. Sorprendido, no consigue identificar aquel rostro, aunque juraría que no lo ha visto jamás. Por educación -y también por advertir que tiene entre sus manos el mismo libro que él acaba de adquirir- le sigue la corriente, dudando, mientras se acerca a la mesa, de si el agasajado es el u otra persona que no atisba a ver. Gira la cabeza un par de veces y tras cerciorarse que no hay nadie más allí, ante su insistencia, finalmente acepta la invitación y se sienta en su mesa, frente a él..

 El desconocido sigue hablando. Habla y habla sin parar. En un principio indeciso, poco a poco comienza a sentirse cómodo y curioso, pues lo hace de cosas que solo alguien muy cercano al él puede conocer. S esfuerza en recordar, pero continua sin reconocer a su interlocutor. A los pocos minutos eso ya no le importa nada. De tan agradable como es la conversación, se siente ya confortable y contento en su compañía. A esas alturas ya se halla inmerso de pleno en esa sensación de felicidad que otorga el encontrarse con un amigo querido y largo tiempo ausente. Pero sigue sin reconocerlo. La charla versa sobre materias y asuntos de su interés y de ella se desprende una sensación de complicidad y curiosidad compartida como hacía mucho tiempo que no disfrutaba. Vencida del todo la inicial sospecha, la conversa va adentrándose en territorios deliciosos cuando llega al terreno de lo musical. El desconocido cita canciones, discos y músicos muy queridos. Construye pareceres y desarrolla opiniones por los que siente un vivo interés. Le maravilla tanto el conocimiento de su desconocido amigo como la sincera curiosidad por comprender que emana de su discurso. Sus opiniones, que a menudo son compartidas, son sagaces y bien expuestas. Pero lo son aún más, también didácticas y brillantes, cuando no concuerdan en absoluto con las suyas. Acaba reconociendo en su fuero interno que ese punto de vista, distinto y distante, es también un apropiadísimo punto de partida desde el cual poder abrazar nuevos conocimientos.

Una hora larga más tarde, cuando todo termina, proceden a la despedida. A nuestro hombre se le ha pasado rapidísimo el tiempo. Insiste en invitar. No puede más que felicitarse por la coincidencia y por la casualidad que ha llevado a término tal encuentro. Ya casi ni se acuerda de que sigue sin reconocerlo, hasta tal punto ha sido de gozoso el encuentro. Cuando se aleja su desconocido camarada, queda el convidado sentado, un tanto meditabundo, todavía dudando y sorprendido, aunque satisfecho del encuentro. No, sigue sin poder recordar su nombre, mientras le observa salir por la puerta sumiéndose en la penumbra de una calle de una ciudad que ya oscurece. Un par de minutos más tarde le hace un gesto a uno de los camareros, acodado en una esquina del mostrador, y le solicita la cuenta.

 Ya se dispone a marchar. Mientras abriga la bufanda alrededor de su cuello y se cala la gorra, conforme el largo mostrador va acortándose de acuerdo caminan sus pasos, se cruza con otro de los empleados. Lleva un cubo y un artilugio de esos que sirven para recoger el liquido que se posa en los cristales. Tiene la impresión de que se dirige a limpiar el enorme espejo que hace de pared, aquel frente al que estuvo de cháchara con su amigo. Cuando ya está a punto de abrir la puerta y aquellos dos deben pensar que ya no escucha, atina a escuchar una frase de su conversación. Aunque difuminada por la distancia, le resulta perfectamente inteligible; “Otro loco hablando sólo”.

 

THE ELECTRIC PRUNES

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Bajo la dirección de Dave Hassinger, los Electric Prunes se encierran en Skyhill, el estudio casero de Leon Russell, a un tiro de piedra de los American Studios. Por entonces Leon ya es un arreglista famoso, un renombrado músico de estudio y un compositor muy bien relacionado, especialmente con Snuff Garrett y su protegido Gary Lewis. En su estudio se reúnen un grupo de músicos originarios de Tulsa, que incluyen a JJ Cale, The Shindogs y Delaney & Bonnie. Junto a Marc Benno, Leon haría de Skyhill la piedra angular de su proyecto Asylum Choir. Sería entre todas estas referencias donde los Electric Prunes configurarían su sonido.

Jim Hall … Era una casa enorme, sin amueblar, el estudio de grabación en una habitación y la sala de control en otra. No podíamos vernos unos a otros. Sospecho que tenía a los Shindogs (la banda residente del show televisivo Shindig! y que también solía grabar con muchos artistas de Warner en aquella época) viviendo allí. Había como diez motos en el garaje y una limusina nueva, tan deslucida como cualquier cosa de los años cuarenta podía estarlo. Todo era muy informal, con mucha gente entrando y saliendo de allí durante todo el día. Allí fue donde aprendimos lo que era grabar un disco con un cuatro pistas…

Mark Tulin … Llegamos y grabamos un par de demos, fue una experiencia interesante. Había otros tipos en el estudio pero les dijo que se marchasen. Se quedaron en la escalera, en el garaje, junto a esa especie de coche funerario. Esos tipos eran músicos, personas adultas. Yo tendría diecisiete años o así. Dave nos trajo una canción y nos dijo: Me encanta el título, haced algo con ella.

Annette Tucker … Escribimos “I had too much to dream last night” como una canción country, sin imaginar siquiera en lo que se convertiría gracias a la brillante idea de Los Electric Prunes y Dave Hassinger. Sí, tal vez podría haber invitado a Dave a mi casa y tocársela en persona al piano. Pero él le vio algo. Asistí a las sesiones y vi como prácticamente la rehacían de una manera, debo reconocer, asombrosa…

Mark Tulin …  Sincronización es la palabra. Todo encajó a la perfección. “I had too much to dream (last night)” era el fruto de todas nuestras esperanzas en el estudio: Intentemos ésto, Hagamos ésto. Porque el modo en el que lo hicimos fue tan extraño. No fue un intento por cambiarla toda, sino de, nos sé, crear a partir de…

Jim Hall … El sonido de la chicharra al principio sucedió accidentalmente en casa de Leon Russell. Estábamos grabando material y le dimos la vuelta a la cinta porque no podíamos permitirnos más de un rollo. El ingeniero no detuvo el boton de grabación cuando tocaba, e involuntariamente registró a Ken jugando al final de la cinta. Por eso, cuando le dio la vuelta y comenzó a grabar de nuevo, el resultado final fue la mezcla las dos cosas, el maravilloso ruido que escuchas al principio de “I had too much…”. Nos gustó y lo editamos para utilizarlo en el futuro, aunque no teníamos ni idea ni de donde ni cuando. Era un sonido increíble, jamás pudimos volver a recrearlo. Decidimos hacer la canción por partes, así es como la grabamos. Llegábamos a un punto y decidíamos: “Ok, vamos a hacer algo con esto”, sin saber exactamente lo que hacíamos. Eso sí, nos empeñamos en incluir el break de batería, sabíamos que propulsaría a la canción…

Mark Tulin … Jamás habíamos escuchado una grabación como ésa, fue una canción que surgió en el estudio…

Jim Hall … Siempre he querido ir más allá cuando de grabaciones se trata. Por eso me encanta Les Paul y Mary Ford, por todo ese delay en la cintas y el eco. Daba la impresión de estar en mitad del espacio. Gene Vincent, ¿dónde demonios está cantando?, da la impresión de que está en la cárcel con todo ese eco detrás de las palmas. Esas cosas eran las que quería conseguir, sonaba mucho mejor que la realidad…

Mark Tulin … Una gran influencia fue Phil Spector, nosotros intentábamos recrear su sonido. El eco y el delay es claramente spectoriano, solo que nosotros no contábamos con su instrumentación. Lo hacíamos como algo meditado aunque el resultado final no estuviese todavía solventado, pero era claramente ese tipo de asunto. La música tiene su propia entidad, más allá de existir como mero acompañamiento vocal. Las voces, en nuestros discos, iban en el asiento de atrás respecto a lo que intentábamos hacer musicalmente. Ni se nos pasó por la cabeza que pudiese ser un éxito. De hecho Warner Brothers la llamaba “La rareza, la marcianada”. No tenían ni idea de que hacer con ella…

Jim Hall … El disco salió en Octubre o Noviembre del 66 y ahí se quedó, hasta que comenzó a subir en las listas. En Los Angeles no lo ponían en ningún sitio. Era un disco que sonaba raro, los ejecutivos nos decían: “Está muy bien, pero ¿quién demonios va a poner esto?, es demasiado raro”…

Mark Tulin … Firmamos por la compañía de producción de Dave, no con Warner Brothers. De hecho nunca estuvimos en su edificio. En su infinita sabiduría lo sacaron a finales del 66 con la esperanza de que pasase sin pena ni gloria y así resolver el contrato. Pero sobrevivió, lo petó en las listas del Pacífico Noroeste…

Jim Hall … Por aquel entonces yo trabajaba como técnico de Rayos-X. Todavía recuerdo una llamada del entonces manager de los Prunes, a las diez de la noche, diciéndome”Tienes que dejar el trabajo, el disco está despegando. Tienes que ir a Seattle”. Le contesté diciendo que ese trabajo era mi sustento, a lo que me respondió “No te preocupes por éso”. La noche que lo dejé mis compañeros de trabajo me decían que que iba a pasar con mi pensión … “Tengo 21 años, me la suda mi pensión”.  Nos fuimos a Seattle a actuar. Ibamos en el coche y de pronto sonó la canción. Sonaba diez mil veces mejor en aquella radio que en mi tocadiscos…

Rachel Lichtman Shindig! Magazine (2011)

 

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