Un single cada domingo (XIX) … THE TAMMYS "Egyptian shumba" (UA, 1963)

Las Tammys (originalmente The Charnelles) fueron un trio compuesto por las hermanas Owens (Gretchen y Cathy) y Linda Jones, originario de Oil city, Pensilvania. Antes de convertirse en las Tammys ya eran parte del círculo de conocidos de Lou Christie, una celebridad local y posteriormente nacional cuando obtuvo un hit con “The gypsy cried” en 1961. Con la eclosión popular de éste terminaron por ser las coristas de acompañamiento que la nueva estrella necesitaba. Como, en definitiva, atrezzo, color y contrapunto. 
 
Yendo un poco más allá, viendo su pujanza, frescura y descaro -además de estar en el momento y en el lugar apropiado, el momentuum girl groups en su máximo apogeo- y necesitado de grupos para sus giras, Lou Christie colocó a su hermana Amy Sacco como su manager y junto a su colaborador a la hora de escribir canciones, Twyla Herbert, decidió escribir unas cuantas para ellas en espera de ver que sucedia. Las llamaron la Twy-lous y les consiguieron un contrato con el productor Jack Gold para el sello neoyorquino United Artists.
 
 Antes de ser rebautizadas definitivamente como The Tammys, debutarían en el verano de 1963 para la subsidiaria de UA, Ascot, con un sencillo bajo el nombre de Ritchie & the Runarounds (en realidad las Tammys con Kripp Johnson, ex-Del Vikings). Aunque la mayor y mejor parte de sus interpretaciones hay que escucharlas en varios discos de Lou Christie (“Have i sinned”, “Back track” o “Guitars and bongos”) publicarían tres sencillos. “Take back your ring”/”Part of growing up” sería el primero, en 1963. 
 

 Ese mismo año lanzarían un segundo sencillo, todavía con la galleta UA. ¡Y qué single amigos!; “Egyptian shumba/What’s so sweet about sweeet sixteen” es una bomba de racimo capaz de mostrar resplandecientemente todo lo que de salvaje, primario e inocente tiene el rocanrol. La furia y la inconsciencia adolescente, el malestar y la ilusión que provoca el aguijón del amor a primera vista. La pulsión irrefrenable y descontrolada sobrevenida por esa nueva sensación. Poco más de dos minutos de un ritmo adictivo e hipnótico, de percusiones tribales, cavernícolas y de un estribillo grabado a fuego, pespunteándolo todo. Con su cruda e implorante interpretación vocal, atiborrada de gritos, oscilantes gemidos y arrebatos eufóricos. Sincera, suplicante, airada, chulesca, seductora… lo que se les ocurra… INCONTROLABLE. 

 
Un estribillo que aparece con la misma canción, incapaz de permanecer a la espera. Un estribillo que te agarra por tus partes y ya no te suelta. Algo tan sencillo como una onomatopeya inolvidable y qué, desde la primera vez que la escuchas – ese inabarcable,  ingenuo y sin doblez, como lo es la verdad de un niño  “Shimmy Shimmy Shimmy Shy-Yi Meece-E-Deece– se quedará ahí para siempre, describiendo fidedignamente todo aquello que las simples palabras es imposible que reflejen. Uno de esos milagros que suceden muy de vez en cuando -acaso una o dos veces en cada una de nuestras vidas- perpretrados por tres muchachas que ni por asomo lograrían emularlo, así lo intentasen un millón -o dos- de veces.
“…I heard the drum beats in my sleep OH! 

And my heart started to beat OH! 

I heard the drum beats in my sleep OH! 
I wanna dance-UH! I wanna dance-UH! , I wanna dance-UH! I wanna dance-UH!
DANCE DANCE DANCE DANCE DANCE DANCE DANCE DANCE DANCEDANCEDANCEDANCEDANCEDANCEDANCE!…”
 
 Todavía habría un tercer y último sencillo en 1965 (“Hold back the light of dawn”/”Gypsy”), de nuevo en otra subsidiaria de UA, en este caso Veep. Un cuarto (“Blue sixteen”/”His action speaks louder than words”) grabado poco después no vería la luz, aunque, afortunadamente sería rescatado muchos años después, hace nada, en 2001.