TOMMY ROE "It’s now winter’s day" (ABC,1967)

 
  
A finales de 1967 Tommy Roe está a punto de nuevo de alcanzar la cima de la fama, tras haberlo hecho ya en 1962 al lograr un #1 con su primer single, “Sheila”. Desde entonces la carrera de ese antaño ídolo juvenil no lograba alcanzar las cotas que prometía, aunque “Sweet Pea” y “Hooray for Hazel” habían sido éxitos notables -dirigidos al público teenager femenino, trufadas de melodías que bebían tanto del bubblegum más pegadizo como del sunshine pop más candoroso- llegando a ser ambas top 10 en los USA.  Mientras su futuro mega hit “Dizzy” (aquel que le devolverá a lo más alto, ahora en todo el mundo) está todavía en fase embrionaria, el hombre parece un tanto descolocado en el partido.  Decidido a coger el toro por los cuernos, piensa que es el momento para intentar, al menos, cambiar la mano de cartas con las que está habituado a jugar. En las esquinas del tapete que cubre su mesa apuesta por perdurar, con la inutil aspiración de prolongar su fecha de caducidad, y juega una nueva mano, esta vez, digamos, más adulta. Azar o casualidad, decide volver con su amigo Curt Boettcher, poniéndose en sus manos con el afán, siquiera inconsciente, de reinventarse. 
 
 Quién sabe si un juguete más que sirve de entrenamiento al productor y músico más inventivo de su generación -con permiso de Brian Wilson– el caso es que Roe llega al estudio con un puñado de canciones escritas por él que van de lo digno a lo notable, e incluso algunas excelentes; “Cry on crying eyes”, “Moon Talk”y, sobre todo, “It’s now winter’s day”. Boettcher decide, al escucharlas, darles un nuevo tamiz, el que él está perfeccionando, añadiéndoles capas y capas de todo aquello que ha aprendido en los últimos años.
 
 Antecediendo en el tiempo a las obras magnas de BoettcherMillenium y Sagittarius (su proyecto a medias con Gary Usher)-  Roe entra con su amigo en el estudio y se dispone a aceptar todos y cada uno de los nuevos experimentos aplicados a sus nuevas y prometedoras canciones. Como ya había hecho anteriormente con “Dizzy” y “Sweet Pea” -y también con otras para Chad & Jeremy, Association o Eternity’s Children– Boettcher permite que la producción venga firmada por Steve Clark for Our productions ( Clark era su mentor, en realidad y en ese momento ya una especie de grupo de trabajo en el que Curt lleva la voz cantante). No siendo tan excelso ni de tanto calado -algo prácticamente imposible- como las dos obras más arriba mencionadas, si qué, al parecer, sirvió como fogueo, de probeta y entrenamiento, para la sublime apoteosis que llevará a cabo con los primeros y, en menor medida, con Sagittarius. Así que seamos honestos y tomemos este “It’s now winter’s day” como lo que en realidad es: una especie -y deliciosa- última prueba de fuego antes de la definitiva eclosión. La pócima donde ensamblar una carrera con ansías de trascender -trascender ante sus principios y no, perentoriamente, de cara a la audiencia-, donde poder combinar sus distintos hallazgos; las innumerables pruebas y experimentos realizadas con varios commercials, su cósmico lirismo, la utilización del estudio como un instrumento más, aprovechando todas sus posibilidades. Loops, efectos, reverbs de cintas, voces dobladas e instrumentos superpuestos aparecen con la fuerza de un dinamitero y la precisión de un neurocirujano, sin chirriar en absoluto, ensamblados perfectamente entre melodías hipnóticas, arreglos imaginativos e instrumentaciones misteriosas. También, de paso, servirá para ensamblar a sus diversos colaboradores en la perfecta sinfonía que bulle en su cabeza;  Las voces de Jim Bell, de Dottie Holmberg (quién ya había trabajado con él en The Goldebriars y luego en su -invisible- carrera posterior), Michelle O’Malley (autora de esa mezcla de orgasmo cósmico, voces ultraterrenales y freakismo hippie que responde por “Saturn rings”), de Lee Mallory (después en The Millenium). O la guitarra de Mike Deasy (quién estaba detrás de ese exploito titulado “The psychedelic guitar of Friar Tuck”), él mismo a la batería e incluso el bajista de Elvis, Jerry Scheff, momentos antes de grabar parte del calamar sagrado.
 
Pequeñas grandes cosas.