T.S. BONNIWELL “Close” (Capitol, 1969)

img_2071

Imagino que ya deberán estar cansados, anda uno siempre con la misma cantinela. Pero, ¿dónde sino en su propia esquina puede un loco, o un tonto, o ambas cosas a la vez, hablar consigo mismo?. Hace unos meses recuperé Close. Lo tenía, como tengo a tantos otros, injustamente olvidado. Uno da para lo que da, tengo que reconocerlo. Fue colocarlo en el plato, escuchar el piano, casi una caja de música, de She is (Sí, comencé por su cara B, no sé bien por qué) y recordé de inmediato todo aquello por lo que me fascinó en su momento. Más que eso, curiosamente advertí de inmediato los motivos por los que tan pronto lo olvidé. Y es que,  salvo que uno sea un monstruo o un impostor,  aquello era lo natural. Era imposible, insisto, salvo tara o demencia, haberlo sabido ver entonces, a los veintipico años, ustedes ya me entienden.

 Había llegado hasta él, hambriento de sensaciones, obsesionado por toda la furia y la chulería de Talk talk, por su misterio y también por su liturgia. Y aquello era otra cosa. Era íntima ensoñación, evanescente melancolía. Un Fin de siècle opresivo, derrotado y también irreversible. Era … casi cualquier cosa que nos asustase.

Ay, disculpen. Qué mal escribo. Dos párrafos y ni mención al sujeto en cuestión. Estoy hablando de Thomas Harvey Sean Bonniwell, el líder de los Music Machine, y de su Lp en solitario. De Close , principio y fin de la odisea.  Tras un puñado de años por fin creo haber descubierto el resquicio que me permite hoy poder apreciar tanto sus errores -que los tuvo- como, sobre todo, su grandeza. Close es uno de esos discos que habla, a menudo sin advertirlo en primera instancia, de nosotros. Junto al oleaje acústico (apenas mecido por los arreglos orquestales de Vic Briggs) y la evocación de las cuerdas restalla esa voz implorante, resuenan tantas y tantas cosas: Porque describiéndose nos describe, como una veladura fotográfica apenas perceptible cuando insistimos en fijarnos y sin embargo más y más cristalina conforme nos alejamos; La necesidad de recordar y el dolor provocado por ello mientras  los coros espectrales rematan el final de Who remembers. El Folk y la música medieval surcando la ilusión y celebrando impúdicamente el desamparo en Something to be , evocación de su infancia, de cualquier infancia en realidad. El tono nigromántico, desesperado, casi más propio de una película de terror, unido a la celebración de la soledad que emanaba de Black snow, una especie de lamento nativo trufado de spoken words y pasado por el filtro de Tourneur. La música étnica -sí, étnica- en Continue, su poética tosca y gélida, una especie de narración acerca de las andanzas del último hombre vivo. Un disco tan ambicioso como fallido, tan libre como extraño y que, precisamente por ello, acaba cobrando, como por arte de magia, todo el sentido del mundo. Ya saben, la música muta y nosotros con ella.

 De entrada les pediré un pequeño favor a la hora de sumergirse en él. Les suplico que se olviden del cuero, los cisnes y guantes negros de la máquina de música. Que ignoren al fuzz y el arrebato casi adolescente. Pero también les pediré que conserven lo turbio, el melodrama, la grandilocuencia y no, no se rían, la pretensión de ser un crooner psicodélico. ¿El resultado? algo abracadabrante, estupendo, bizarro en el sentido apropiado del término, esto es, extraño, raro. También decadente. Hagan un pequeño esfuerzo e imagínense a una especie de Scott Walker rústico, bastante menos sofisticado, sin la maceración intensiva en Brel ni lecturas de poesía romántica. Quédense con el gótico rural americano, la canción standard popular (gloriosamente) mal entendida de alguien cuyo concepto de eso es algo con un punto enfermizo, demente, ampuloso, gozosamente imaginado e inventado. Unan a esta torpe definición algún eco del psico drama interior del P.J.Proby más exagerado y esbozos, aquí y allá y según sus propias palabras, “De Neil Diamond imitando a Johnny Mathis. Pero claro, háganlo desde el prisma de alguien que sueña, pretende triunfar con todo eso. Bendita locura.

 

Anuncios