ALLAN SHELDON Otro loco hablando sólo…

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… You are just the mirror of my mind, i’m not unkind you’re very small. I have never seen a silhouette, i don’t forget, no, not a all. Words or just expressions of ideas of people’s fears of dying young, dreams or just impressions of our lives for what we strive of some gone son. I had a life and i know where i’m going, you are just the mirror of my mind … 

 

Allan Sheldon “Mirror Of My Mind / Old Windmill Tree” (Injection, 136.301 – Licensed by Plexium- Marzo, 1970). Escrita por A. Stockman, arreglada y producida por Zack Lawrence

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El hombre entra en el café y de inmediato es reconocido por alguien, sentado en la mesa contigua hacia la que se dirige, quien le saluda efusivamente, con todo tipo de fiestas y celebraciones. Sorprendido, no consigue identificar aquel rostro, aunque juraría que no lo ha visto jamás. Por educación -y también por advertir que tiene entre sus manos el mismo libro que él acaba de adquirir- le sigue la corriente, dudando, mientras se acerca a la mesa, de si el agasajado es el u otra persona que no atisba a ver. Gira la cabeza un par de veces y tras cerciorarse que no hay nadie más allí, ante su insistencia, finalmente acepta la invitación y se sienta en su mesa, frente a él..

 El desconocido sigue hablando. Habla y habla sin parar. En un principio indeciso, poco a poco comienza a sentirse cómodo y curioso, pues lo hace de cosas que solo alguien muy cercano al él puede conocer. S esfuerza en recordar, pero continua sin reconocer a su interlocutor. A los pocos minutos eso ya no le importa nada. De tan agradable como es la conversación, se siente ya confortable y contento en su compañía. A esas alturas ya se halla inmerso de pleno en esa sensación de felicidad que otorga el encontrarse con un amigo querido y largo tiempo ausente. Pero sigue sin reconocerlo. La charla versa sobre materias y asuntos de su interés y de ella se desprende una sensación de complicidad y curiosidad compartida como hacía mucho tiempo que no disfrutaba. Vencida del todo la inicial sospecha, la conversa va adentrándose en territorios deliciosos cuando llega al terreno de lo musical. El desconocido cita canciones, discos y músicos muy queridos. Construye pareceres y desarrolla opiniones por los que siente un vivo interés. Le maravilla tanto el conocimiento de su desconocido amigo como la sincera curiosidad por comprender que emana de su discurso. Sus opiniones, que a menudo son compartidas, son sagaces y bien expuestas. Pero lo son aún más, también didácticas y brillantes, cuando no concuerdan en absoluto con las suyas. Acaba reconociendo en su fuero interno que ese punto de vista, distinto y distante, es también un apropiadísimo punto de partida desde el cual poder abrazar nuevos conocimientos.

Una hora larga más tarde, cuando todo termina, proceden a la despedida. A nuestro hombre se le ha pasado rapidísimo el tiempo. Insiste en invitar. No puede más que felicitarse por la coincidencia y por la casualidad que ha llevado a término tal encuentro. Ya casi ni se acuerda de que sigue sin reconocerlo, hasta tal punto ha sido de gozoso el encuentro. Cuando se aleja su desconocido camarada, queda el convidado sentado, un tanto meditabundo, todavía dudando y sorprendido, aunque satisfecho del encuentro. No, sigue sin poder recordar su nombre, mientras le observa salir por la puerta sumiéndose en la penumbra de una calle de una ciudad que ya oscurece. Un par de minutos más tarde le hace un gesto a uno de los camareros, acodado en una esquina del mostrador, y le solicita la cuenta.

 Ya se dispone a marchar. Mientras abriga la bufanda alrededor de su cuello y se cala la gorra, conforme el largo mostrador va acortándose de acuerdo caminan sus pasos, se cruza con otro de los empleados. Lleva un cubo y un artilugio de esos que sirven para recoger el liquido que se posa en los cristales. Tiene la impresión de que se dirige a limpiar el enorme espejo que hace de pared, aquel frente al que estuvo de cháchara con su amigo. Cuando ya está a punto de abrir la puerta y aquellos dos deben pensar que ya no escucha, atina a escuchar una frase de su conversación. Aunque difuminada por la distancia, le resulta perfectamente inteligible; “Otro loco hablando sólo”.

 

BLUE EYED SOUL SPECIAL Never a time PLAYLIST

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BOBBY HANNA Everybody needs love
LEVY & FINKELSTEIN Never a time
THE SECOND GENERATION Ready or not here i come
THE CHOCOLATE WATCH BAND What’s it to you?
EDENTREE Call my name
JOE HARRIS Along comes pride
THE GRASSROOTS Temptation eyes 
THE TROPICS Time (Take the time)
THE BUCKINGHAMS Why don’t you love me baby?
THE BOX TOPS Everytime
BOBBY GOLDSBORO It’s too late
THE IN CROWD When in the world
BILL KENWRIGHT Tiggy
TRINI LOPEZ Takin’ the back roads
THE CROWNS Since you’ve been gone
TEDDY NEELEY Magic touch
FRANKIE VALLI & THE FOUR SEASONS I make a fool on myself
THE BUCKINGHAMS Don’t you care
ENGELBERT HUMPERDINCK  Take my heart
MARK ERIC We live so fast
Bonus track
 

Blancos intentando sonar negros. Eso, en esencia y de manera muy escueta, es lo que viene a llamarse Blue eyed Soul. Algunos señalarán, de manera muy atinada, que también sucede lo mismo, por ejemplo, en el rock and roll. No me queda otra que asentir. Intentemos entonces ser un poco más especificativos. Blancos, de vertiente eminentemente pop, con inclinación a incorporar las raices en su música. Raices, obviamente, negras. De una manera más o menos frugal, atemperada, dulcificada si quieren. Pero con ecos y resonancias de indudable procedencia.

 Blancos, niveos especímenes atrapados por el espiritu del rhythm and blues, espoleados por el fenómeno Motown y, en menor medida, de Stax, acaso por ser este sello menos pop, más asentado en las raices digamos puras, pese a su ímpetu indiscutible por trascender y triunfar en un negocio gobernado por los blancos.  Blancos dando su versión de la vertiente más amable del soul, esa faceta atornillada en el pop y de una ligereza natural e inmediata. La única, quizás, a la que podían meterle mano y salir más o menos airosos del envite.

Por supuesto que también habían voces enormes, con un profuso andamiaje  y referencias varias. Préstamos de aquí y de allá; del Southern soul, del beat menos militante, del pop más abigarrado. Un escalón más en ese concepto para algunos antipático llamado mestizaje. Una alquimia tan sugerente cuando se hacía de manera apropiada como fallida e incluso molesta si los ingredientes aportados no se combinaban en las dosis apropiadas.  Talentos descomunales que podían -los menos de las veces, seamos sinceros- sostenerle la mirada a sus modelos. En ocasiones cincelados en la melodía definitiva, otras en la lírica más adictiva, generalmente en voces que jamás diríamos capaces de salir de esas gargantas. Raramente en todos ellos a la vez. Blancos que sin advertirlo quizás hicieron más por la integración racial que los más honestos, sinceros y cabales de los activistas, llevando esas epístolas de tres minutos conformadas por toboganes de emociones, melodias irresistibles e instrumentaciones in crescendo hasta el más común de los hogares. 

 Blancos en definitiva que homenajearon a la negritud disfrazándola de accesibilidad y dotándola de la visibilidad total, absoluta, normal. Camuflando el miedo a lo diferente mientras lo vestían, insisto, de normalidad

Blancos que le otorgarían carta de naturaleza y qué, a veces inconscientemente, a veces de manera perfectamente intencionada, confirmarían la victoria incontestable de la fuente original. Daba igual tanto que fuesen adolescentes en busca del ansiado Olimpo que viejas glorias en pos de la enésima reinvención. Daba igual que fuesen segundones impenitentes tras el milagro imposible o ídolos de masas empeñados en no perder comba. La suerta ya estaba echada.

 

  Así pues me atrevo a mostrales unos cuantos ejemplos, todos -creo- imbuidos de las filias y fobias que uno atesora y por los que también uno, blanco, -permítanme señalarlo-, siente sincera devoción.
 

THE ROLAND SHAW ORCHESTRA Diamonds are forever (ESS orthopedic mix)

 

A finales de los años cincuenta el británico Roland Shaw (Roland Edgar Shaw Tomkins) entra como productor, arreglista y director de orquesta de la Decca británica. Durante varias décadas grabaría, tanto para Decca como para su subsello moderno London Phase 4 Stereo, numerosos discos. Músico de la vieja escuela, estajanovista de la música, ya en la segunda parte de la década de los sesenta, con el éxito de la saga Bond, se centraría en exprimir el momentuum registrando numerosos discos con versiones del subgénero denominado spy movies
 

 Su toma de Diamonds are forever es una cosa, a mi juicio, espectacular. Wah wah, bongos, una linea de bajo demoledora, la rotunda sección de viento … en definitiva, la orquesta a toda mecha. Para terminar de complicarlo todo un poquito más, uno ha hecho un pequeño experimento y la  ha mezclado con la versión de la Orquesta de Cyril Stapleton; un piano inicial a lá The Exorcist, una guitarra española de aires fronterizos… Lo que ha salido como resultante lo he denominado ESS Orthopedic take. No me lo tomen a mal.

PLAYLIST. The Changing scene. Psyche Sunshine and beyond (III)

 

INTRO Viaje a traves del sonido
SNOW Caterpillar
THE SMOKE Gold is the color of thoughts
HARUMI Talk about it
THE GROWING CONCERN Mister, you’re a better man than i
KALEIDOSCOPE The murder of Lewis Tollani
ELMER GANTRY’S VELVET OPERA What’s the point of leaving
PALOMA MENSAJERA Psychiatrist
COLOURS Cataleptic
ECLECTION Morning of yesterday
YANKEE DOLLAR Live and let die
YAYS AND NAYS If
THE OPEN MIND My mind cries
MC SQUARED S.S.T.
CHAMAELEON CHURCH Camilla is changing
FORD IMAGINARY’S INFERNO Find someone
EQUIPE 84 Alti nel cielo (I need something groovy)
THE GENTLE SOUL See my love
EDWARDS HAND Friday hill
THE CLIQUE Hallelujah
EMILY Confession
BILLY NICHOLS Daytime (Coda and symphony)

PLAYLIST. A walk in the sunshine. Psyche sunshine and beyond (II)

 

 

INTRO In and out
DAVE PAYNE AND THE MEDIUM WAVE  A walk in the sunshine
THE FOX Mr. Hyde
TIN TIN She said ride
ANDWELLA’S DREAM List a number, found a king
ALAN SHELDON Mirror of my mind
THE SOUND AROUND What does she do
ALZO AND UDINE Want your love
PETER AND THE WOLVES Woman of my mind
STEVE RYDER Remember me
TANDYN ALMER About what love is
MARK ERIC Don’t cry over me
SVENSK Dream magazine
THE IN BETWEENS That was just her thing
TEDDY NEELY FIVE New in town
THE SHANES I won’t untie you
MICHAEL FENNELLY Dancing dandelions
JAMME The old lady
CHRYSALIS Piece of sun

RAINBOW FFFOLLY Goodbye

 

PLAYLIST The Collector of beautiful things (Psyche Sunshine and beyond, pt.I)

 

INTRO Lullaby
THE AFFECTION COLLECTION The collector
THE SECOND HELPING Floating downstream on a flotable rubber raft
THE SOUNDS OF MODIFICATION Carry on Carole
THE MYSTIC ASTROLOGIC CRYSTAL BAND Only time (Let’s spend the night)
THE BYRDS Tribal gathering
THE SUNSHINE CO. Love, that’s were it is
CHRIS AND PETER ALLEN My silent symphony
TWICE AS MUCH Summer’s ending
GORDON ALEXANDER Windy wednesday
THE MONKEES Daily nightly
THE BURGUNDY STREET SINGERS The pleasure of her company
THE BUGALOOS The sense of our world
THE SMOKE Odissey
THE BLADES OF GRASS Tomorrow is my turn
THE STORYBOOK PEOPLE Do you believe
THE ASSOCIATION Come to me
THE NEW WAVE In a lonely town
ROGER NICHOLS SMALL CIRCLE OF FRIENDS Didn’t want to have to do it
THE BEACH BOYS Meant for you

FREE DESIGN Endless harmony 

 

THE CHOCOLATE WATCH BAND "Requiem / What’s it to you" (German Decca, 1967)

The Chocolate Watch Band (no confundir con los americanos) fueron un duo inglés y hasta donde yo sé sólo editaron dos sencillos. Su cantante era Gary Osborne (Hijo del famoso director y arreglista Tony Osborne) quién poco después formaría el dúo Vigrass and Osborne para acabar colaborando con Sir Elton

Éste, su segundo, lleva en la cara A una gema popsike con toda la parafernalia comme il faut (cuerdas, voces dolientes, una melodía adictiva que recuerda a los primeros Walker Brothers y moderados efectos de estudio) llamada “Requiem”,  pero en la cara B, ¡ay!, en la cara B hay vidorra de la buena. Trompeterío, drama exacerbado y una voz rugosa y despendolada dándolo todo y todo bien. Entre el blue eyed soul más elegante y el northern blanco a lo Timebox. Aquí se lo presento en su edición alemana con todo lo que uno considera que es menester, verbigracia, vestido con su inmaculada portada. A ver que les parece.

What’s it to you

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Requiem
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TEMPLES "Shelter song/Prism" (Heavenly, 2012)

 

¿Neo psicodelía? Lo siento pero no, no la veo por ningún lado ¿Paisley underground? Sí, allá en el fondo, camuflado entre oropeles. ¿Hype? Muy probablemente, pero éso no tiene por qué ser peyorativo. Los hay que sobreviven a esa lacra, incluso a veces sin merecerlo y otros que no pasan de ahí. No, no diré nombres. También los hay, de entre estos últimos, que al menos nos dejan una canción con todas las letras. Rotunda y pegadiza, aquello sobre lo que la música popular debe tratar. Tampoco busca uno mucho más.
 
 “Shelter song” acaso sea el hype del momento. Un single de ahora, nuevo, que hace tres meses costaba cinco libras y que hoy multiplica su precio por quince. Últimamente sucede con asiduidad. Cosas de las modas, las tiradas escasas, el peaje de los tiempos en que vivimos, ya saben, oferta y demanda, especulación, esas zarandajas. Pero “Shelter song” es también una GRAN canción. Hay quién apela a los grandes profetas aunque uno les tiene demasiado respeto y devoción como para invocar su nombre en vano; que si Beatles, que si Byrds, que si los Monkees del “Head”… no quisiera ser blasfemo y me quedaré con algo más modesto; Con los Duques de la estratosfera por ejemplo, los más poppies, los de “Vanishing girl” por decir algo. Pero sobre todo lo haré con unos críos de veinte años que dedican su tiempo y su talento en mostrarnos su visión del pop en unos tiempos en absoluto pop. Que lo vistan de ropajes vintage es también, sí, el signo de los tiempos.
Por cierto, ¿Por qué será que cada vez que la escucho me acuerdo de Lee Mavers?

(Otra) canción perfecta. BILL KENWRIGHT "Tiggy" (MGM, 1969)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Recuperando por casualidad hace unas semanas esa maravilla de Los Gatos que atiende por “Tiggy” observé que por la autoría parecía la cosa ser una versión. Venía la canción firmada por un tal H. Pattison (sic) y adaptada por el habitual J. Corcega. Claro,enseguida me puse a elucubrar. La canción remitía a otras -¿Cuál no lo hace?- y tras contactar inicialmente con mi amigo Vicente Fabuel éste me llevo hasta el “Until the rain comes”, otra refulgente canción de blue eyed soul firmada por los alemanes Soft Pillow de los que existe single español. Me comentó la posibilidad de que fuese el tal Pattison miembro de la almohada blanda pero, tirando del hilo, supe que la suya era a su vez una versión de otra “Until de rain comes” a cargo de un tal Shubert, alter ego o sosías del verdadero Pattinson (ahora sí, bien escrito)
 Una vez descartada esa posibilidad nos preguntamos Vicente y yo si cabría el que fuese una canción de editorial con la que hubiesen topado los Gatos. Pero no podía ser que una canción tan formidable no hubiese sido publicada en Gran Bretaña. Sin saber muy bien por donde tirar se me ocurrió contactar con otro connoisseur, amable y generoso, que deshizo rápidamente el entuerto. Estoy hablando del Brujo Miguel Ángel Villanueva quién nos informó que SÍ que existía versión original en inglés a cargo de Bill Kenwright, actor de sitcoms, animador televisivo, cantante de breve trayectoria musical (cinco sencillos llegaría a publicar) y actualmente uno de los mayores productores teatrales del Reino Unido y presidente ejecutivo del Everton F.C.

 Obviamente a continuación no procedía otra cosa que agenciarse una copia. Ayer llego a casa.  Me encantan estas historias, que le voy a hacer…

Un single cada domingo (XXIII)… WAYNE FONTANA "Waiting for a break in the clouds" (Fontana, 1968)

 


Geoffrey Ellis, más conocido como Wayne Fontana, tomó su apellido del batería de Elvis, Dominic Joseph Fontana. Fue uno más de las huestes que conformarían la British invasion. Sus primeras escaramuzas fueron con los Jets, en su Manchester natal, pero el éxito le llegaría con los Mindbenders (Llamados así a partir de la pelicula del mismo título de Basil Dearden) con una versión de “Um, um, um, um, um”, canción del gran Curtis Mayfield popularizada por el no menos grande Major Lance. Aunque el mega hit por el que serían recordados en las enciclopedias fue “The Game of love”, número uno a ambos lados del Atlántico y también su canto de cisne. A finales de 1965 se separan y Wayne emprende una carrera en solitario con enormes aspiraciones pero cuyo mayor logro comercial, en cualquier caso relativo, sería su versión de “Pamela, Pamela” de Graham Gouldman. Ese mismo año publicaría un Lp (con la colaboración de la orquesta de Les Reed y músicos de sesión tan conocidos como Big Jim Sullivan) que se quedaría un tanto en tierra de nadie, entre la intención de consagrarse como un crooner de drámatico existencialismo (en la senda que ya había iniciado Scott Walker) y los intentos por sumarse al pop orquestal, elaborado y elegante, de los Bee Gees. Para su desgracia -malos managers, peores decisiones- en la mayor parte de sus canciones quedaría un tanto desubicado, errando como uno más de los numerosos melifluos cantantes pop. Pero donde de verdad daba el Do de pecho, ciñendo ambiente con su presencia escenica y personal voz era en esas perlas de Blue eyed soul, a menudo compuestas por Greg Ellis (La citada “Waiting for a break in the clouds”, “My eyes break out in tears” o “Something keeps calling me back”) donde parecía un émulo – menos salvaje, más domesticado- de un contenido P.J. Proby.
 
Unas cuantas de esas joyitas, para deleite de quién suscribe, verían edición en formato 7″ en nuestro país, con sus hermosas y únicas portadas. En concreto dos Eps (“Goodbye ble bird/The sun’s so hot today/Come on home/My eyes break out in tears”, Fontana, 1966 y “Pamela, Pamela/Something keeps calling me back/Gina/Goodbye bluebird”, Fontana, 1967) además de dos singles en 1968; “The worlds of Bartholomew/Mind excursion” (con producción de Arthur Greenslade) y el soberbio -que tengo el placer de presentarles- “Never an everyday thing /Waiting for a break in the clouds”producido por Mike Vickers. La cara B, cada día pieza más cotizada desde que diese nombre a una recopilación del mismo título, son dos minutos largos de sudoroso rhythm and soul blanco; Vientos sincopados y base rítmica desatada para vestir a una voz chulesca e implorante acompañada por unos coros femeninos de lascivo, sexual atractivo.