Steve Ryder "Remember me" (Blue Mountain, 1972)

 
 
 

Ted Mulry fue un cantante que anduvo a caballo entre su Inglaterra natal y Australia, su país de adopción. Nacido en Oldham, en 1969 emigró a las antípodas en busca de un trabajo nada glamuroso; conductor de bulldozer para el departamento estatal de mantenimiento de carreteras. Realiza sus pinitos como compositor e intérprete y en una época donde los cantautores estaban de moda, logra un contrato con la EMI australiana, donde publicará su primer sencillo (“Julia”/”So much in love”). Un segundo sencillo –“Falling in love again”– escrito por el binomio mágico de los Easybeats, Harry Vanda y George Young, es su primer éxito. Acompañado por su propia banda, el Ted Mulry Gang, a éste le sigue un Lp, que mezcla composiciones propias con versiones (“Homeward bound”, “Let it be”, “The circle game”) . Un tercer single (“Marsha”) no logra el éxito esperado y vuelve a Inglaterra donde ha firmado un contrato con la discográfica Blue Mountain, subsidiaria de Island. Es en este sello donde lanza “Ain’t it nice”/”Remember me” bajo el nombre de Steve Ted Ryder. Tampoco sucede nada y emprende viaje de vuelta hacia Australía, donde se establecerá definitivamente hasta su muerte, en 2001. El motivo de que este sencillo se publicase aquí en España lo desconozco, sólo me queda mostrar gratitud por tal azar. Todavía más, claro, por la canción que se aloja en su cara B. Sencillamente impresionante.

 

…I walk so far, i must be miles away from home. I just don’t know what i am going to or from. I remember you, please remember me…
 
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The Go Between’s – Apology accepted



 

Le gustaría a uno ser capaz de poder hablar de las cosas que están por llegar. De cómo van a ser. De como espera que sean. Sin la molesta ansiedad ni la enfermiza preocupación. Verdaderamente me gustaría poder tener la capacidad, sino de vislumbrar, si al menos de mantener aunque sólo sea la esperanza. A uno, si quiere ser sincero, le gustaría simplemente tener el talento de poder hablar. Me refiero, claro está, de hablar bien. Lo que se dice tener una voz. Con propiedad, con ingenio, con agudeza. Ya puestos a pedir, de ser también razonablemente entretenido. De poder evitar, en lo posible, aquellos pensamientos de soslayo que me entristecen y me derrotan, los arranques iracundos que a nada conducen, tan solo a lamentarlos y lamentarme durante un par de días. Quisiera en esos momentos de zozobra no ser presa del bloqueo y el enojo que a nada conducen. Poder tener la calma necesaria y las palabras precisas para rebatir lo que pienso no se sostiene, intentando en lo posible no zaherir y también dejar claro aquello que pienso es. En cambio acostumbro a paralizarme o a irritarme, o ambas cosas a la vez, cuando eso sucede. Cuando soy -o me siento, desgraciadamente con eso basta- corneado traicioneramente, sin educación ni posibilidad de escape, apelando a un nocivo victimismo del que sería mejor huir. A medio camino de la incredulidad y de la tristeza.

 
Acostumbro a decir tonterias, soy consciente. De hecho sigo haciéndolo, no hay que ir muy lejos. Pero entonces tomo papel y lápiz e intento ordenar lo que siento en la medida de mis posibilidades. De forma endeble y limitada, cierto, pero al menos intentando ver las cosas como creo que lo hace el otro. Aceptando las disculpas pero, sobre todo, atreviéndome a pedirlas.
 

 

THE PARIS SISTERS "Sing everything under the sun" (Reprise, 1967)



Todo surgió cuando Juan Carlos subió “Stavolta no” , maravillosa canción de Tony Dallara, al FB. Era -es- una soberbia versión de “Long after tonight it’s over”, una joya (otra más) de Bacharach/David. Más tarde, comentándolo con mi amigo V., éste me advirtió de que también la hicieron las Paris Sisters, y que cuidado con ellas, que eran enormes, carnosas, sutiles y en su opinión muy infravaloradas. En lo último asentí, yo mismo era claro ejemplo de tal infamia. De tenerlas por menos, digo. Así que vaya subidón al llegar a casa, con los dientes largos por tales aseveraciones, nervioso, revisando que había de ellas por los estantes y… voila! “Everything under the sun” estaba allí. Al resto de lo que me dijo ese querido amigo (recuerdan, aquello de “…enormes, carnosas, sutiles…”) había que, como suele ser habitual en sus opiniones musicales, decirle también sí.
 La ralentizada, cadenciosa toma de “It’s my party”, apenas susurrada. Y recordar. Aquel transistor debajo de la almohada, acompañando a un mundo ansiado y desconocido. La brisa que entraba por la ventana en las madrugadas que sucedían a los primeros escarceos sexuales, conatos de la vida. Estar encerrado entre cuatro paredes, mareado por aquel perfume característico -y que ya nunca olería igual- que combinaba sudor pegajoso y el  desconcido deseo todavía por embridar. Tener la misma exultante sensación que sentí cuando escuché por primera vez “Le voyage” de la Hardy nada más comenzar a sonar “My good friend”  y advertir que Priscilla (a la derecha de la portada) la firma, al igual que “You”, algo… indescriptible. Demasiado bueno para ser cierto. Los manidos melodramas adolescentes revestidos de una pátina adulta, turbia. Luminosa y sutil. Otra vez.
Y mientras termina “Born to be with you”, la canción que cierra la cara B, quedarte con la sensación de estar en los dominios de un Spector. Tan cercano pero también bastante menos megalómano. Menos ambicioso y más terrenal si quieren. Más sosegado y menos empeñado en sublimar la realidad. O a lo mejor no tanto. Entenderlo todo al leer las notas de la contraportada; Jack Nitzsche -con Jimmy Bowen–  firma la producción. 
 
Albeth, Sherell y Priscilla. The Paris Sisters. “Everything under the sun”. DIS-CA-ZO.