TEMPLES "Shelter song/Prism" (Heavenly, 2012)

 

¿Neo psicodelía? Lo siento pero no, no la veo por ningún lado ¿Paisley underground? Sí, allá en el fondo, camuflado entre oropeles. ¿Hype? Muy probablemente, pero éso no tiene por qué ser peyorativo. Los hay que sobreviven a esa lacra, incluso a veces sin merecerlo y otros que no pasan de ahí. No, no diré nombres. También los hay, de entre estos últimos, que al menos nos dejan una canción con todas las letras. Rotunda y pegadiza, aquello sobre lo que la música popular debe tratar. Tampoco busca uno mucho más.
 
 “Shelter song” acaso sea el hype del momento. Un single de ahora, nuevo, que hace tres meses costaba cinco libras y que hoy multiplica su precio por quince. Últimamente sucede con asiduidad. Cosas de las modas, las tiradas escasas, el peaje de los tiempos en que vivimos, ya saben, oferta y demanda, especulación, esas zarandajas. Pero “Shelter song” es también una GRAN canción. Hay quién apela a los grandes profetas aunque uno les tiene demasiado respeto y devoción como para invocar su nombre en vano; que si Beatles, que si Byrds, que si los Monkees del “Head”… no quisiera ser blasfemo y me quedaré con algo más modesto; Con los Duques de la estratosfera por ejemplo, los más poppies, los de “Vanishing girl” por decir algo. Pero sobre todo lo haré con unos críos de veinte años que dedican su tiempo y su talento en mostrarnos su visión del pop en unos tiempos en absoluto pop. Que lo vistan de ropajes vintage es también, sí, el signo de los tiempos.
Por cierto, ¿Por qué será que cada vez que la escucho me acuerdo de Lee Mavers?
Anuncios

KEVIN AYERS "Puis-je"

 

 

Son estos tiempos extraños. Motivada su extrañeza, en gran parte, por nosotros mismos. Por lo que hacemos pero sobre todo por lo que no hacemos. A menudo tendemos a glorificar de manera exagerada e injusta (exagerada por lo que les puede llegar a perjudicar, injusta por lo que sin duda les perjudicará) a personas y expresiones artísticas en las que se atisba cierto talento pero en las que en nuestro fuero interno sabemos que nunca acabarán por florecer. No es su culpa me digo, ni tampoco del todo la nuestra. Es tan solo el deseo de querer sentirnos mejor con nosostros mismos, la ilusión de pensar que hemos compartido nuestro tiempo con un genio, que hemos sido testigos de un momento y una obra excepcional. 

No sucede este engaño sólo con la música, muy al contrario. Pero a estas alturas del partido es la música popular (del rocanrol a la bossanova, del flamenco al soul, en realidad el estilo que gusten) una cosa tan menor, tan orillada, tan demodé en comparación con otras disciplinas que uno a veces duda que pueda sobrellevarse de otra manera. Me refiero a otra manera diferente a la que va desde la exégesis personal a la rememoración casi onanista, esa manera empeñada en atesorarlo todo como si de las joyas de la familia se tratase. Es uno un poco Quijote -también un poco idiota- y muchas veces termino sorprendiéndome intentando defender algo de manera denodada, mucho más a menudo debido a los ataques que sufre que por las virtudes que atesora.

Esta semana Kevin Ayers se murió. Escribir una elegía de alguien para uno elegíaco desde el mismo instante en que conocí sus canciones no tiene mucho sentido. No al menos si no se sabe hacer. No, desde luego, si no se hace bien. Y como no sé describir el estado de tranquila melancolía en el que me hallo desde hace unos días, ni tampoco la repentina consiciencia del paso del tiempo, ni mucho menos la efímera y brumosa felicidad que me depara escuchar de nuevo sus canciones intentaré dejar uno de sus versos. En francés, cantando “May i”.

No pretendo ser un estraperlista del agasajo y si acaso lo parezco les pido disculpas a todos ustedes, pero, antes que a nadie, se las tendría que pedir a él. Kevin Ayers ha viajado conmigo desde hace ya demasiado tiempo como solo los amigos lo hacen. Unas veces dándome cobijo y en otras irritándome por el talento malgastado. La mayoría de las veces haciéndome compañía, hablándome, escuchándome. No es éso poca cosa.

“Puis-je” no es, en principio, otra cosa que una versión en francés de “May i”. Una revisión un tanto descabalgada si quieren, muy laissez-faire, profundamente evocadora. De apariencia frágil y ligera y sin embargo para uno de más profundo significado que otras, a priori más enjundiosas. Desprende a la vez la despreocupada celebración del instante y el dolor de la asunción de la perdida. Fue regrabada en 1999 por Kevin con los músicos de Ladybug Transistor. Se escondía en un disco pizpireto pero muy irregular titulado “Pop romantique; french pop classics” publicado por el sello Emperor Norton. Anda por casa desde entonces y siempre recurro a él -a “Puis-je” en realidad- cada vez que necesito medicina y ungüento, cada vez que la melancolía rezuma.

 Todo el resto de las canciones que se hallaban en el citado disco eran versiones de clásicos; “Le tourbillon”, “L’anamour”, “Contact”, La poupee qui fait non”, etcétera. Todas ellas canciones sublimes, por supuesto, tan sólo que uno piensa no necesitaban ser reinterpretadas. Que estaban bien como estaban.

La única que no entraba dentro de esa categoria clásica era “Puis-je” y se convirtió en la más clásica de todas. Porque era otra canción y porque era muchas canciones. Porque tal vez fuese todas las canciones.

Curiosamente también, era, de largo, la mejor de la terna. Es lo que tiene poder caminar sobre el agua, que te convierte en Dios…

 

ERASMO CARLOS. Onde a beleza se esconde.

 

 

¿Qué se puede decir de un disco que abre con una canción inédita del gran Caetano Veloso y que siendo estupenda no es, ni mucho menos, la mejor del Lp?. ¿Qué se puede decir de un disco cuya segunda canción es un tête a tête con Marisa Fossa delicado, sutilísimo, de una belleza que asusta, a punto de romperse?

 

 

Cualquier cosa que diga uno no le hará justicia en absoluto, lo sé, pero al menos déjenme decirles que “Carlos, Erasmo”, el disco de 1971 de Erasmo Carlos es un canto a la vida y sus recovecos tal y como uno piensa que debe ser. Es -como dice la canción de Carlos Imperial“Em busca dos cançôes perdidas”–  el lugar “Donde los colores tienen sonido, donde las flores pasean, donde el dolor no accede y la tristeza no llega. Donde la belleza se esconde”.

 

Porque hay cosas, personas, que existen antes que las palabras. En realidad todas lo hacen pero hay algunas a las que las palabras no les podrán hacer justicia jamás. Porque aunque tomen carta de naturaleza al ser enunciadas están ahí desde mucho antes.  Personas y cosas a las que sustenta un halo etéreo y propio, voluble y en cambio riguroso dentro de su particular cosmología y que son perfecta fotografía de lo efímero de la felicidad.  Como por ejemplo Masculino, femenino sin ir más lejos; Precedida por una luminosa intro de piano acunada por las cuerdas, asoman mil recuerdos y alguna certeza. Reminiscencias de Buffalo Springfield aquí, arreglos a lo Muscle Shoals allá (esos violines, puro Rainy Night in Georgia). Harry Nilsson en una esquina, zascandileando mientras sonríe y da el penúltimo trago justo en el mismo momento en que los Jordanaires se arrancan con unos ensoñadores Ooooh-Ooooohoo. Pero también es mucho más. Es un exordio, una invocación al encantamiento del amor y la seducción por la vida, a la perfección del instante, una loa a las pequeñas cosas. Perezosa, furia, imperfecta, real. Es un cuento, una fábula, que nos habla de una pareja amaneciendo juntos, tan renuentes como conscientes de la proximidad del adios. Y también habla de cualquiera de nosotros, a veces actores y otras espectadores, imaginando, viviendo incluso, la novela que acarrean. Rememorando una realidad difusa.

 

 

 

“Já são seis horas, meu bem
Vire o relógio, meu amor
Faz tanto tempo, nem sei
Neste silêncio de nós dois
Vim pela vida, cansei
Perdidos sonhos me entreguei
Me dê um cigarro, meu bem
Primeiro um beijo, meu amor

 

A chuva fina cai
Clareando e a luz
Me faz lembrar
Que já são seis horas
Eu sei…
Momentos quantos passei
Desfiz enganos, me encontrei
Quem sabe agora, talvez
Puxe a coberta, meu amor
A chuva fina cai
Clareando e a luz
Me faz lembrar
Que já são seis horas
Eu sei…
Já são seis horas
Puxe a coberta e vem
Vem, meu amor
Puxe a coberta e vem”

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

…Yo ya no quiero hablar con quién no tiene amor, pero con cierta gente, gente abierta, si me llama, voy …
 

 No errar siendo uno pesimista es relativamente sencillo. Casi todo lo que nos rodea es mendaz e impostado. A menudo coronado de hipocresia y o en su defecto de falsaria certeza. Autoinvestido de una superioridad moral que uno no acierta a ver. Hacerlo siendo uno optimista, empeñado en ver el lado bueno de las cosas es, en cambio, mucho más difícil por ser esa tarea ardua y rigurosa, que requiere disciplina y verdad. Por eso “Gente aberta” es un canto de lírica bonhomia. El fogonazo inicial que puede ser tenue y tembloroso o también excesivo e incontrolado. Un confesión al oido que con mucha fortuna nos conducirá a otra vida. Desde el mismo instante en que reconoces el susurro de “Groovin” (la acústica, los bongos y el piano conversando), soterrado todo ese mantra bajo la melodia, crees que las cosas, con una pizca de fortuna y empeño, pueden ser de otro modo. Acaso sea ese uno de sus efectos más evidentes, la esperanza que desprende. Mecerse en su vitalidad irreductible y en su alegria de vivir, mientras se deja uno acariciar por la curiosidad y la ilusión de lo que puede llegar a ser. Bailar al son de un vals sensual, modesto pero verdadero como a veces lo pueden llegar a ser tanto las flaquezas humanas como las cotidianas heroicidades. Porque al final de todo lo que es realmente importante son las personas y no las cosas, las personas sobre las cosas, las personas y nada más.

 

Anda uno divagando en silencio sobre ésto y aquello, ya se está apagando la primera cara, cuando de repente surge una nueva vuelta de tuerca, la enésima sorpresa. La exuberante redifinición del concepto de modernidad. Y lo que hasta ahora ha sido modernidad naturalista e íntima, mero reflejo de él y con él de su tiempo, se torna esta vez en espejo de su tiempo y por lo tanto de él mismo también.  Siendo parte y siendo un todo de algo que no puede ser de otra manera pero que tampoco podrá ser ya nunca igual.
 

El detonante es una canción de Jorge Ben compuesta en 1965. Puro rocanrol. Casi un conjuro en su forma inicial convertida ahora en un himno al bonvivantismo ilustrado, un himno revestido de hedonismo y repleto de combustible para la pista de baile. La receta parece sencilla aunque cocinarla en sus proporciones exactas resulte harto complicado; Tomen prestada la estructura del “Psyche rock” de Pierre Henry y un cierto aire a Jean Jacques Perrey. Incluyan las campanillas juguetonas, algunos de sus efectos. Súmenle un fuzz lascivo y una batería cuadriculada, casi primitiva. Reciten una letra de apariencia inofensiva y lígera pero de profunda carga generacional (la celebración del muchacho retornado hombre con un futuro por delante, aquel que sus padres no tuvieron) y cuéntese su historia de una manera casi tribal, como un mood de posesión vudú que combina lo profano y lo litúrgico. Conviértase finalmente ese latente lamento en celebración evidente, multitudinaria. ¿Ya?. Bien, ahora vayámonos todos a bailar. “Ahora ya nadie llora más”. Un trip perfecto tanto para el club sin prejuicios como para cualquier fiesta callejera. Una canción que transcurre entre la narcótica celebración del momento y la intención sincera de compartir lo intangible. Un himno que es deseo y alegría. “Agora ninguem chora mais”. Mejor así, ¿verdad?

 

… El mundo ya pecaba cuando ésto sucedió
Siglos pasaron y nadie se arrepintió
Fue Sodoma, fue Gomorra …
 
Un medio tiempo vestido de folk psicodélico. Flautas emulando la brisa que mece a la duda. En apariencia una historia bíblica que se cuestiona lo intangible, la mitología y la superstición. El interrogante surgido de la lógica que pretende lijar las sucesivas capas de superchería que oscurecen la historia. Champiñones, fuego y azufre. El tormento y el éxtasis frente a frente con la vida, gozosa o dolorosa, da igual. Vida en todo caso.

Siempre la esperanza, el afán por apurar el instante, la ingenuidad quizás en última instancia. Danzando al ritmo del sonido Motown. Holland-Dozier-Holland en la retina mientras suena un remedo libérrimo de “You keep me hangin’ on”. El júbilo y la rabia. No dar pábulo a los temores, sujetarlos, y sí, el optimismo de nuevo. Basta ya de quejas, de lloros, de autoconmiseración. Huyamos de sus lacras. Del buenismo, de la simpleza, de la hipocresia. Vivamos. Celebrémoslo.

... En un mundo desierto, de almas negras, yo me visto de blanco. Me inclino ante la vida, sentida, sufrida, que me dieron. En un mundo desierto, de almas negras. No niego la sonrisa pero veo un toldo que pretende quemar lo que queda de mi. Vivo en un mundo de almas negras …
 

 

 

… Se que mis brazos son como el trozo de una manta cuando te abrazo. Porque no te quiero santa, de ninguna manera, no tiene sentido. No te quiero como un retrato perdido en cualquier habitación, porque no te quiero santa. No te quiero presa de una imagen en procesión tomada por manos iluminadas que caminan en fila. No te quiero sumisa a las promesas ni a las masas y los viernes a la cama. Te quiero tal y como eres. Mi Hija, mi madre, mi hermana, mi amada. No te quiero santa, santa no te quiero … 

 

Dolorosos otras veces, porque la vida también lo es. Lenny Gordin y su guitarra, taladro sutil. Regis Moreira al piano, el más clásico de los modernos, el más moderno de los clásicos. Los arreglos de Rogerio Duprat. Funk mutante, coros que son puro nervio. Una cancion de Marcos Valle.

… Veintiséis años de vida normal, cinco leyendo el periódico
veintiséis años esperándote, cuatro viendo la televisión
Sé que hay muchas cosa que hice y no quise
Sé que hay muchas cosas que quise y no hice
Hoy leo en los titulares “Muere en vida leyendo el periódico”
Civilización de occidente, atención;
Voy a volver a la vida, quiero leer en el periódico
“Fue marginal veintiséis años …

 Existen discos estupendos, de valor incuestionable pero que una vez vistos -escuchados sería más apropiado-  ya te lo han dicho todo. Son discos, por decirlo de alguna manera, inmutables. Son, para uno al menos, discos finitos. Espléndidos, pero con fecha de caducidad. No enumeraré unos cuantos aquí por no molestar a nadie y porque nada importa en realidad. También existen otros, mucho más raros y escasos, que nos cuentan muchas cosas con las sucesivas escuchas. No tienen porque ser mejores, sino sucede que son otros, sin duda mucho más provechosos para nosotros. “Heliotropo”, “Death of a ladies man”, “Gino Paoli”, “L’homme a la tête de chou”, “Bambino”, “Oddesey and oracle”, “La voglia, la pazzia, l’incoscenza, l’allegria” o este “Carlos, Erasmo” son unos cuantos de ellos para quién suscribe. Discos que lejos de querer contarnos las grandezas o las miserias lo que hacen es contarnos la grandeza y la miseria de la normalidad. De una manera distinta cada vez. Son para uno discos poliédricos. Discos que resultan uno distinto tras cada audición y que por tanto son inacabables. 

 

(Otra) canción perfecta. BILL KENWRIGHT "Tiggy" (MGM, 1969)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Recuperando por casualidad hace unas semanas esa maravilla de Los Gatos que atiende por “Tiggy” observé que por la autoría parecía la cosa ser una versión. Venía la canción firmada por un tal H. Pattison (sic) y adaptada por el habitual J. Corcega. Claro,enseguida me puse a elucubrar. La canción remitía a otras -¿Cuál no lo hace?- y tras contactar inicialmente con mi amigo Vicente Fabuel éste me llevo hasta el “Until the rain comes”, otra refulgente canción de blue eyed soul firmada por los alemanes Soft Pillow de los que existe single español. Me comentó la posibilidad de que fuese el tal Pattison miembro de la almohada blanda pero, tirando del hilo, supe que la suya era a su vez una versión de otra “Until de rain comes” a cargo de un tal Shubert, alter ego o sosías del verdadero Pattinson (ahora sí, bien escrito)
 Una vez descartada esa posibilidad nos preguntamos Vicente y yo si cabría el que fuese una canción de editorial con la que hubiesen topado los Gatos. Pero no podía ser que una canción tan formidable no hubiese sido publicada en Gran Bretaña. Sin saber muy bien por donde tirar se me ocurrió contactar con otro connoisseur, amable y generoso, que deshizo rápidamente el entuerto. Estoy hablando del Brujo Miguel Ángel Villanueva quién nos informó que SÍ que existía versión original en inglés a cargo de Bill Kenwright, actor de sitcoms, animador televisivo, cantante de breve trayectoria musical (cinco sencillos llegaría a publicar) y actualmente uno de los mayores productores teatrales del Reino Unido y presidente ejecutivo del Everton F.C.

 Obviamente a continuación no procedía otra cosa que agenciarse una copia. Ayer llego a casa.  Me encantan estas historias, que le voy a hacer…

GIANNI MARCHETTI. "El magnífico Tony Carrera"

“¿Qué haría usted con Tony Carrera? Ese hombre de rostro nuevo y atractivo, habilidoso, merece que se haga algo con él”

“El magnífico Tony Carrera”  (1968) fue una más de las coproducciones europeas en la cual tuvo – y no me pregunten por qué, aún no lo sé-  la fortuna de verse envuelto el catalán José Antonio de la Loma. Director de tan proverbial impericia como estajanovista empeño había comenzado muy pronto -aunque visto lo visto con escaso provecho- en el mundo del cine. Muy joven, a principio de los años cincuenta, había entrado a trabajar a sueldo para la productora de uno de los titanes del exploito hispano, el ínclito Ignacio F. Iquino, para pocos años después pasar a formar parte de la productora Laurus films, propiedad del actor Conrado SanMartín

 

 
 Tampoco sé muy bien como -casualidad, constancia, fortuna, empeño- comienza a desarrollar una carrera abracadabrante que culminaría arrimado a la plétora del cine quinqui; “Perros callejeros” (un bombazo en nuestro país, efectista retablo del quinquerío patrio en pleno apogeo del caballo, los palos a gasolineras, a todo lo que fuese susceptible de financiar el vicio en realidad, al sexo chungo y a la exclusión social) y sus diversas secuelas derivadas de ese éxito (“Perros callejeros II”, “Los últimos golpes de el Torete”, “Yo el Vaquilla”) sustentadas a su vez en la arrolladora personalidad -chispeante, callejera y de bizarra estética- de sus actores amateurs, verdaderos gladiadores del extrarradio.
 
 Antes de llegar a ése su clímax comercial multitud de despropósitos son perpetrados sin ninguna piedad. “Misión en Ginebra, “Metralleta Stein”o ésta “El magnífico Tony Carrera” sean acaso los más populares. Descosidos intentos, un tanto amorfos, empeñados en ofrecer episodios cosmopolítas de intriga internacional donde cupiese la acción, algunos muslos femeninos y presunta modernidad. Naderias a las que acaso les redimiese un tanto su falta de pretensiones y una acerada ilusión. 
Persistiría con fruición en su empeño de sepultar bajo toneladas de mugre la definición de cineasta, no se crean (recuerden que ya apelamos a esa virtud suya parrafos más arriba) bien fuese recreando revisiones oportunistas de los éxitos del momento como “Grease” en “Nunca en horas de clase” o desvergonzados intentos de capitalizar la zozobra del momento en “Goma-2” . Cosa, por otra parte, que consigue que se le llegue a tomar cierto cariño y que no haría otra cosa que cimentar una trayectoria de no te menees. Un fenómeno en lo suyo, no crean.
 
Pero volvamos a su etapa media. Dedicado ya casi exclusivamente como artesano torcido de coproducciones européas  aprovechó -o más probablemente le impusieron, loado sea el cielo- bandas sonoras elaboradas por cualquiera de los titanes que por Italia pululaban. En concreto, para la susodicha “El magnífico Tony Carrera” tuvo la fortuna de tanto de contar con la partitura de Gianni Marchetti  como de involucrar -o embaucar, no sé- a unos voluntariosos maños de corta pero ilusionada carrera -la productora Moncayo films– a la hora del asunto de los dineros que correspondían al accionariado hispano. No, no estoy de broma, es absolutamente cierto. 

Rodada en Amsterdam y con un elenco psicotrónico (Thomas Hunter, Gila Von Weiterhausen y Fernando Sancho) la sinopsis de la película, sucintamente, gira en torno a un ladrón semirretirado, próximo a contraer matrimonio, que es obligado a ejecutar un último trabajo; debe robar un misterioso maletín que se encuentra en una fortaleza custodiada por el ejército. Espléndidamente fotografiada, de manera vivaz y moderna, por el aragonés Victor Monreal, prematuramente fallecido en un desgraciado accidente de tráfico.

 

Pero musicalmente fue otra cosa, vaya si lo fue. Decía que la partitura fue compuesta por el maestro Marchetti y es en mi opinión lo mejor, de largo, de todo el proyecto. Algo, por otra parte, que dicho así parece desmerecer la labor de Don Gianni  y que no es en absoluto así, muy al contrario. 

  En nuestro país sólo tendríamos ocasión de obtener la versión (muy) abreviada en formato Ep, con una estupenda, hermosísima portada, publicado por el sello Emi y que contendría únicamente cuatro fragmentos de la partitura completa. Acompañado por el coro 4+4 de Nora Orlandi dicha música tiene todo lo que la película no tanto nos hurta como no alcanza a conseguir; Lirismo, intriga, elegancia, viveza y placer. Desde los coros de la citada Nora Orlandi (de quién recomiendo, encarecidamente, los incluidos en otra banda sonora formidable, “Lo strano vizio de la Signora Ward” o “La perversa señora Ward” con una impresionante Edwige Fenech) a las musicas y panoplia de instrumentación que la componen; Sitares, bongos, cuerdas, clavicordios, pedales fuzz, guitarras acústicas, etcétera. Músicas que retratan perfectamente cada uno de los ambientes cinemátográficos (labor para la que fuerno encargados) pero que funcionan perfectamente por si mismas. Capaces de transportanos a cualquier lugar que imaginemos y que casi recomiendo escuchar per se sin remitirse a las imagenes. Me repito tanto y tantas veces que lo haré una vez más; Generalmente las partituras de dichas películas superaban por mucho las imagenes que ilustraban, siendo quizas este caso en particular uno de los más evidentes. Es cierto que en ocasiones saltaba la sorpresa, pero lo que es seguro es que las músicas, sus músicas, nunca nos dejaban en la estacada. La finesse.
 
Aunque bien mirado ahora, con sumo detenimiento y la menor subjetividad posible, tan sólo por haber dado lugar a las circunstancias pertinentes para que dicha música fuese creada y tuviese lugar, hay que agredecerle al pobre hombre su funesto tour de force, su empeño en ser uno de los irreductibles, aunque fuese éso lo más distante de la pretensión original. Disfruten, si gustan, de esee caos desordenado, de ese colapso artístico que tiene a bien perpetrar y disfruten también – y sé que sin duda gustarán- de las estupendas musicas que lo ilustran.

Directorio de Playlists

 Son ya incontables listas con canciones agrupadas un poco de aquella manera. Algo que comenzó a tomar cuerpo en 2009 y que desde entonces espero les haya procurado al menos una parte del mismo placer que a mi me ha deparado. Algunos, es inevitable, lo habrán tomado por lo que no es, muy probablemente por culpa mía, por mi homérico empeño en compartir con todos ustedes las cosas que me suscitan interés, cosa que a veces, soy consciente, puede resultar cansino. Pero soy de la opinión, tal vez errada, que para hablar mal de algo es mejor no hacerlo, tanto como veces sea necesario señalar que algo es cabal y por derecho. Ajustado y propio. Resulta que uno tiene un extraño pudor para con estas cosas. Casi tan extraño como reconozco que es mi empeño en compartir canciones y discos que creo merecen ser compartidos. En fin, que junto a  textos descabalgados y referencias de aquella manera han pululado por aquí -y espero que sigan haciéndolo-  entretenimientos musicales, rebosantes de mis desbarres y tonterías y que estoy seguro que sabrán, que han sabido disculpar.
Son también muchas visitas, muchísimas más de las esperadas, acaso lo más agradable y satisfactorio de está bitacora. Visitas que en algunos casos incluso se han tomado la molestia de dejarme comentarios, unas breves frases que me  hacen saben que hay alguien ahí y que le inyectan a uno renovadas energías. Quiero agradecerles, sobre todas las cosas, el detalle de haberme prestado un poco de su atención. 

 Desde aquí gracias, muchas gracias a todos.
Les añado por último un enlace a la página en la que se alojan  Las playlists del Estudiodelsonidoesnob en mixcloud por si acaso les fuese de alguna utilidad.

INTRO Io to daro tutto
LOS BERTAS Me has perdonado por fin
LOS GATOS Tiggy
OCTOPUS Thief
JEAN GAVROCHE Qui peut etre cet homme
ADJEEF THE POET Iekk, i’m a freak
TONY RITCHIE Could you relly live without her?
AESOP’S FABLES They go out and get it
THE GRASS ROOTS Wait a million years
THE HOBBITS Artificial face
I MOTOWNS In the morning
THE OPEN MIND My mind cries
I GEMELLI Non contare piu su di te
JIM IVAN AND THE COSSACKS In un momento
JO ANN SMITH Give a man a tree
ANNIE PHILIPPE Pour la gloire
THE NOON EXPRESS Flashback
THE TROPICS As time’s gone
DARWIN TEORIA De la Ceca a la Meca
OUTRO Te quiero sólo a ti