ALFONSO SANTISTEBAN Situazioni per Orchestra (CML 091, 1975 )

Andaba uno mucho tiempo obsesionado con una canción. En concreto desde que la escuché por primera vez en un youtube que ilustraba varias escenas de “El asesino de muñecas”, película dirigida por Michael Skaife (seudónimo de Miguel Madrid) en 1974.  Murmuraba para mis adentros lamentando el que su fantástica banda sonora, firmada por Alfonso Santisteban, hubiese quedado inédita, sin edición fonográfica. Cuando no hace mucho, vaya por Dios, me topé con “Black and blue” incluida en un lp del archivo CAM titulado “Situazioni per orchestra”, editado ese mismo año, al parecer recopilatorio de una serie de trabajos del madrileño para la editorial musical panaeuropéa que surtía de músicas a diversas productoras cinematográficas. El júbilo ya fue absoluto cuando otras dos joyas que desconocía ( y que respondían por The Policeman y Flash back) anidaban en sus surcos.


Para más información en torno a la película recomiendo encarecidamente la lectura de este post http://proyectonaschy.wordpress.com/2014/01/21/revisitando-el-asesino-de-munecas-con-david-rocha/ en el fantabuloso blog Proyecto Naschy, donde hay sustancia, rigor e información. De hecho, para qué andarnos con rodeos, les recomiendo el blog íntegro, manantial de interesantísima y muy bien narrada sustancia cinéfila.

Para seguir con el anhelo, lo que ya que sería la cuadratura del círculo, el hallazgo perfecto de la joya soñada, sería la localización del single que incluyese ese akelarre sonoro, esa psicotrónica experiencia que interpreta el grupo Amores y cuya letra, más o menos, resume a la perfección el espíritu de la película; Si alguien cree que tienes corazón por el compás de su latir, es el mecanismo del reloj del interior de tu armazón. Al hacer tu cuerpo de papel en el troquel de mi taller, por no tener barro ni cincel es de cartón todo tu ser… 

 

Una última recomendación. No dejen de pasar el canal de youtube de Lesbiana Canibal. ¡Cuánto gusto, cuánto tino…Fan acérrimo!

 

 

THE ELGINS Heaven must have sent you (Tamla Motown, 1966)

 

Uno -otro más- de los himnos imperecederos de Holland / Dozier / Holland. “Heaven must have sent you”, el segundo sencillo de los Elgins mira a los ojos, impertérrito y sin despeinarse, a cualquiera de los clásicos de la Tamla Motown que quieran citar. La máquina de hits a todo trapo; la letra y los arreglos vocales a cargo de Eddie Holland (y vaya letra, dos minutos largos de drama, esperanza y celebración, directo al imaginario adolescente) y la música firmada por Lamont Dozier y el otro de los Holland, Brian. Aunque creo recordar que no fue publicado en nuestro país (De hecho estoy casi seguro) aquí tienen la hermosa edición holandesa con portada y a Sandra Mallet Edwards confesando al mundo; Because it’s heaven in your arms, it’s the sweetness of your charms…

ANDY WILLIAMS "Holly" (CBS, 1967)

Golden sun is rising in the sky
Emerald birds glide through a rainbow as they fly
Bringing beauty Holly enters my mind.

Where the crystal ocean finds the shore
Diamond waves reflect the love we shared before
Through the silence Holly enters my mind.

All alone as I walk by the sea
Thoughts of Holly are my company
For she calls to me with each shining ray
With each season’s change
With the sun and the sea and the sky she remains.

Though the world must take her far away
On a velvet wind she comes to me each day
When I’m lonely Holly enters my mind
When I’m lonely Holly enters my mind

Leyendo el último Ugly things uno ha descubierto -sí, así soy yo, a estas alturas- que la canción de Andy Williams que siempre me volvió loco, incluida en su sensacional disco de 1967 “Love, Andy” y titulada “Holly” (una canción que me cuesta no imaginarla cantada por el Scott Walker de “Sings songs from his T.v. series” ) está firmada por Craig Smith, un tipo con una novela a cuestas. Tampoco es cuestión de contarla aquí (para eso mejor que lean el extensísimo y estupendo articulo de UT)  pero sí me atrevo a recomendarles todo lo que lleve su firma; su obra en 7″ junto a Chris Ducey  como el dúo de Psych sunshine Chris & Craig, su continuación, ya como cuarteto (aunque basicamente un proyecto de ambos, Smith & Ducey), su proyecto como Penny Arkade (editado por Sundazed) o esos dos discos río (u océano, como prefieran) llamados “Apache” e “Inca” ya con su nueva reencarnación, Maitreya Kali.

 

Psych Folk Cósmico, por jugar a las etiquetas.


 

Mis películas imaginarias SOLO EL FIN A.k.a. "Ti devo lasciare" (Elio Petri, 1971)

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INTRO by Maria Napoleon
HUGO MONTENEGRO Theme from “The Fox”
ASTRUD GILBERTO Sólo el fín
INTERLUDIO Siempre es igual
HUGO MONTENEGRO Moog power
MARIO MOLINO Operazione Beat
JOSE MARIA MORALEDA Whole lotta love
MANUEL GAS Cascarrabias
FRANCO MICALIZZI Laure
ADOLFO WAITZMAN Salvaje amor
INTERLUDIO Voy a darle un consejo
EUGEN THOMAS Scarabea (excerpt)
ARMANDO TROVAJOLI and EDDA DELL ORSO Ricordo di Lilia
HUGO MONTENEGRO SINGERS Good vibrations
IRA Che cosa mai sara’
PHILIPPE NICAUD Tout bas
HUGO MONTENEGRO ORCHESTRA Lay lady lay
INTERLUDIO Muy bien cariño, tu eliges

GIORGIO GABER e OMBRETTA COLLI Il sappori di la vitta in due

“Sólo el fin” a.k.a. “Ti devo lasciare”, 1971

Director; Elio Petri

Intérpretes; Florinda Bolkan, Renato Salvatori, Helga Liné, Victoria Vera, Juan Luis Gallardo

Sinópsis;
Hugo (Renato Salvatori) es un muchacho féliz. Vive en la costa amalfitana con sus padres, quienes regentan un pequeño y hermoso hotel que da al acantilado, visitado generalmente por extranjeros. El negocio les proporciona una posición desahogada. Su madre es una mamma con todas las de la ley y su padre es, bueno, digamos que un tanto mujeriego. Un día su madre sorprende a su padre retozando en el lecho con una voluptuosa nórdica y enloquece hasta el paroxismo ante la contemplación por primera vez de aquello que le era totalmente ajeno. Loca de amor y sintiéndose traicionada, los celos y la rabia la llevan a asesinarlo junto a la joven danesa (de la que Hugo se halla enamorado en secreto), acuchillando con saña a ambos repetidas veces hasta la muerte ,ante la mirada atónita del muchacho, quién petrificado y herido en lo más íntimo, acarreará el suceso durante el resto de su vida.

  Han pasado los años y Hugo se ha convertido en inspector de policia en Nápoles. Lleva una vida centrada en su profesión y es tan valorado por sus superiores como huraño con sus compañeros. Una mañana es requerido a presentarse en el Hotel Decumani, sito en el espléndido Palazzo Ricario Sforza, donde una joven americana ha sido encontrada muerta, decapitada, por su desolada hermana (Florinda Bolkan) en una de sus suites más lujosas. Una somera inspección en la alcoba deja muestras evidentes de que allí ha habido una fiesta en la que ha corrido el alcohol y las sustancias estupefacientes. En un aparte el director del hotel le comenta a Hugo que eso ha venido siendo lo habitual durante el último mes, desde que la fallecida conoció a un playboy brasileño llamado Felippe (Juan Luis Galiardo) al que le solía acompañar una cohorte de hippies, melenudos y artistas, además de una joven de esquiva y misteriosa belleza a la que llamaban Jocelyne (Victoria Vera) y de la que le muestra una fotografía.

  A la mañana siguiente, paseando por la via de Sanctis, camino de la comisaria, a la altura de la capilla de San Severo Hugo ve a una muchacha con un asombroso parecido a la misteriosa Jocelyne. Va completamente vestida de negro y acaba de entrar en la iglesia. La sigue y cuando traspasa la puerta un anciano sacerdote, confundiéndole con un turista, le indica que las visitas al templo no comienzan hasta las diez. Hugo le explica que estaba buscando a una amiga que acaba de entrar y cuando levanta la cabeza observa en el muro de la derecha el retrato de una mujer. Queda petrificado. La mujer del retrato es idéntica a la muchacha de la fotografía. El sacerdote advierte su turbación y al verle interesado le cuenta la historia de María Teresa Sangro, doncella muerta hace ya trescientos años. Era ésta la hija de Pietro Sangro, máson y filántropo de la iglesia, ajusticiado por la inquisición con la acusación de haberse visto envuelto en oscuros experimentos científicos que tienen que ver con la vida eterna, en realidad, dice el anciano, un complot de los Frattini, la otra poderosa familia de Nápoles en la época, por hacerse con el poder del comercio del puerto. Justo debajo del retrato hay una inscripción grabada que reza asi; “Ti devo lasciare”.

  Ya en la comisaria, revisando por enésima vez el dossier del caso, Hugo descubre una tarjeta de invitación a nombre de la fallecida, para asistir al estreno de una obra clásica que se representará en el Teatro San Carlos. Su título es “Ti devo lasciare” y el director de la misma un tal Filippo Frattini.

Mis películas imaginarias. FRATELLI DI FUOCCO (Ducio di Tessari, 1974)

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Complete Soundtrack

INTRO Skeletal
EDDA AND ENNIO L’ocello a la plume di cristallo
THE PAWNSHOP Telegraph is calling
THE PAWNSHOP Shades
INTERLUDIO Ondas ultrasónicas
JEAN PIERRE DE SENNEVILLE Blue square
JULIAN TREATMENT Strange thing
QUICKSILVER MESSENGER SERVICE Fire brothers
BERNAD LAVILLIERS Les aventures extraordinaires d’un billet de banque
ITZIAR Manifestu azteratua
WEST COAST POP ART EXPERIMENTAL BAND In the country
KLAUS SCHILLER High
LA ORQUESTA WAITZMAN Salvaje amor
THE VAMPIRES OF DARTMORE Frankenstein
THE MOTHERHOOD Soul city
PAUL MAURIAT Etude en form de rhythm and blues
THE NIGHT BEATS Puppet on a string
STEVE LAWRENCE The last run
JEAN JACQUES DEXTER Be quiet
STEVE LAWRENCE The last run
OSSANA Milano caliber 9
INTERLUDIO ¿Quién siente?

PAUL PARRISH Dialogue for friend and lover

Director; Duccio Tessari
Guión; Andres Catana y Francesco di Leo

Intérpretes; George Hilton, Marisa Mell, John Saxon y Henry Fonda

Sinópsis;

Una tarde de septiembre Paul Brannigan (George Hilton) recibe una llamada en su casa de Maine. El hombre al otro lado del teléfono parece nerviosísimo, atemorizado. Reconoce su voz de inmediato, pese a parecerle una sombra de la que fue. El dueño de esa voz le suplica y le conmina a que le devuelva el favor que le debe. Su nombre es Anthony Bunn (John Saxon), y fue un amigo al que hace años que no ve. Ambos fueron compañeros de armas condecorados que sirvieron en la campaña de Italia y más tarde en el frente occidental. Muy nervioso le cuenta que sus dos hijos han desaparecido y que teme por su vida. A Brannigan, recién retirado de la brigada de Homicidios de Nueva York y hombre de honor, no le queda otra que cumplir con el pasado.

Anthony Bunn y él llegaron a ser como hermanos, aunque desde que aquel se mudó a Europa hace más de diez años, donde formo una familia, no se han vuelto a ver. Impelido por ayudar al hombre que una vez le salvó la vida tiene que viajar hasta la Aquitania francesa para intentar resolver las desapariciones.

 Dos días más tarde, cuando se encuentra con su antiguo camarada en el castillo de Chinon, del que es el dueño, lo encuentra terriblemente desmejorado. Anthony le explica que le compró el castillo a un aleman apellidado Schiller, que hace ya cinco años que enviudó pero que su esposa muerta viene a visitarlo todos los últimos viernes de cada mes. Aunque en un principio piensa que el sentido del humor de su amigo no es lo más indicado en esos momentos, no tarda nada en advertir que lo dice totalmente en serio. Parece narcotizado y sin embargo habla con total convencimiento. Asegura aquel que lo único que le retiene en este mundo antes de reunirse definitivamente con ella son sus dos hijos. Su mirada es serena, casi altiva, pero con un halo de demencia indisimulable. La mirada que Brannigan llevaba mucho tiempo intentando olvidar. Todo el enorme salón esta poblado de retratos de una hermosa mujer, voluptuosa, con ropajes de otra época y un atractivo irresistible, diríase que hipnótico. Al lado de la chimenea de piedra una escultura a tamaño natural de la misma mujer, con unos extraños apéndices que le surgen de los omoplatos y que, pareciendo alas, en realidad son otra cosa, atraen su atención. Está hecha de alabastro y ya desde la distancia emana un calor malsano, doliente, que zahiere. Bunn le presenta a Juliette, su mujer ausente.

Brannigan cada vez está más atónito. Su antiguo camarada le cuenta que los dos niños desaparecieron en Blaye. Se hallaban jugando cerca de la antigua ciudadela fortificada sita en el estuario del Garona mientras él hacía una gestiones con el dueño del hotel allí radicado. Un par de testigos los recuerdan cantando y jugando al caer la tarde, e incluso un viejo labriego sostiene que estaba junto a ellos una dama extravagante, quién supuso era su madre por la manera en que los niños le hablaban. Bunn le jura y perjura a su amigo que viajaban sólos, que los niños tienen algunos problemas sicológicos desde el fallecimiento de su madre, pero que son conscientes de que ya no estará más con ellos.

Afectado por lo que parece ser la insondable locura de su amigo y el sinsentido de todo lo que le cuenta Brannigan comienza la investigación. Pronto todo lo impensable, lo evidente y lo onírico, el pasado y las deudas que ya creía saldadas, viajaran con él de la mano hasta convertir cada paso de la investigación en una pesadilla donde nada es lo que parece, incluso su misma realidad; “L’angel”, la famosa joya encastrada en aquel retablo por la que comenzó todo, aquellos cuerpos como marionetas, mutilados, que encontrarón colgados en el claustro del convento la noche de la matanza en Rouen, las últimas palabras del coronel de la Werhmacht recordando a su amado antes de dárselo a los partisanos … y el recuerdo de ella.